29 feb. 2016

► Vlog nevadico y sobre ruedas

El sábado pasado, en el puntico del mapa en el que vivo, se puso a nevar como si no costara. Daba pereza hasta mirar por la ventana, pero tenía ensayo de banda (toco el clarinete), así que hubo que echarse a la carretera...


Que tengáis un lunes de esos que dan ganas de comérselos. ¡Besos gorditos!

22 feb. 2016

¿Machismo en los cereales del desayuno?

Me revienta la desigualdad. Hombres y mujeres sí que somos diferentes en físico, fuerza y a veces incluso sensibilidades, pero en lo demás, en lo fundamental, que son nuestros derechos y libertades, somos iguales. Lo que ocurre es que en este planeta hay mucha gente que todavía no se ha enterado... En Arabia Saudí, por poner un ejemplo gordico, a las mujeres no se les permite conducir.


Aquí en España conducimos todos, pero sigue habiendo ejemplos dolorosos de machismo y desigualdad, y los vemos todos los días. Cuando sales de fiesta y un chico se cree que puede tocarte porque no va otro contigo (a mí me pasó el viernes, como cada vez que salgo). Cuando te invitan a una casa y ves que la esposa se encarga de todo mientras el marido ve la tele tirado en el sofá (es un cliché que va a menos, pero sigue pasando). Cuando un hombre mata a su pareja o expareja (una pandemia contra la que ningún gobierno toma medidas efectivas). Cuando la ropa azul sigue siendo para niños y la rosa para niñas. Cuando a los niños les enseñan que llorar es de nenas y muchos se pegan la vida sufriendo por esta represión antinatural de sus sentimientos (esto tiene un nombre, aunque no lo recuerdo). Cuando ves que en las películas y series de acción apenas hay mujeres o las que hay son casi floreros (por eso estoy tan emocionada con Supergirl o la última y bestial entrega de Star Wars). Cuando en la televisión casi todos los anuncios de productos de alimentación sana, cuidado del cuerpo o limpieza del hogar están protagonizados por mujeres, a las que prácticamente van dirigidos, perpetuando así un comportamiento estereotipado por razón de género (el caso de Cillit Bang fue la leche). Cuando tecleas cualquier palabra en internet y sabes que al momento aparecerá una mujer desnuda porque sí. O cuando estás desayunando y te fijas de pronto en la caja de los cereales.



A veces estamos tan anestesiados que vamos por la vida mirando sin ver de verdad, pero cuando nos paramos y nos fijamos..., ajá. ¿Qué veis vosotros en estas cajas de cereales de Kellogg's y Nestlé? Yo un montón de personajes masculinos y una absoluta falta de personajes femeninos.

Es cierto que podría haber puesto también las cajas que llevan dibujados personajes femeninos..., ¡pero es que no existen! Y me da miedo imaginar por qué será así.


Estos dos dibujos son los únicos que me hacen dudar un poquito. La abeja de los Cheerios parece un macho, sin embargo, con la de Kellogg's no acabo de tenerlo claro. Eso sí, si nos remontamos a un anuncio muy viejuno de Miel Pops, esta abeja parece también masculina.

A estos ejemplos quiero sumar otro que me revuelve las tripas:


Las cajas de cereales de Kellogg's y Nestlé muestran una irrealidad: el mundo lo formamos hombres y mujeres en casi igual proporción, por lo que inventar sólo personajes masculinos dejando de lado a los femeninos no tiene ningún sentido, no representa nuestra realidad y desde luego no fomenta una igualdad. Aun así, no me parecen productos machistas. Sin embargo, el personaje de Cuétara me insulta como persona y como mujer.

En fin... Puede que todo esto os parezca una tontería grande como un pino y penséis que imagino cosas. O tal vez puede que estéis de acuerdo conmigo. En cualquier caso, gracias a unos simples cereales nos hemos puesto a reflexionar sobre esto de la igualdad, y eso está muy pero que muy bien :-).

¡Un súper beso! Y muy feliz semana.

18 feb. 2016

"Eres un cáncer", me decía

"Eres un cáncer". 

...

¿Fea frase la de arriba, eh? Pues aguanté que me la dijeran. Aguanté que me la gritaran y me la escupieran a la cara día tras días sin decir ni mu. Bueno, sí, mientras lloraba. Porque yo lloraba y lloraba, era una auténtica fábrica de lágrimas y dolor. Claro que eso es normal cuando tu novio, al que quieres y asegura quererte, te dice cosas horribles.

A la frase de arriba le siguieron otras muchas igual de malas, y siempre, al final, la gran frase, la que me descolocaba: "Eres la mujer de mi vida".

Nunca sabré si de verdad lo creía o no, pero sí sé algo: él no era el hombre de mi vida. Durante demasiado tiempo me hizo sentir miserable, sola, tonta y angustiada, y todo eso me empezó a comer por dentro. Tanto me comió que me convertí en una sombra de mí misma. Adelgacé, perdí amigos, me alejé de mi familia, me volví una chica triste e insegura... Era una auténtica desconocida ante el espejo.

Cuando ahora me recuerdo, cuando pienso en esa Alba de entonces, sólo siento pena. Y a veces rabia. Y también mucho amor y compasión, porque madre mía. ¿Cómo es posible que me dejara maltratar psicológicamente de aquella manera? Ah, la gran pregunta para la que nunca hay respuesta... Aunque sí sé una cosa: ya no siento ni una pizca de la vergüenza que durante años he sentido por este tema, y por eso, y un poquito envalentonada por el magnífico Salvados que hizo el otro día Jordi Évole sobre el machismo, hoy estoy aquí.


Escribí ese tuit momentos después de que terminara el programa. Me sentí en paz, cansada ya de esconder algo tan importante. Como si el machismo y el maltrato -tanto físico como psicológico- fueran algo que hubiera que silenciar, algo hacia lo que andarse con remilgos. Y es que cuando a algo malo lo señalas como la cosa de la que no hay que hablar, el problema se hace una bola y quienes lo sufren se quedan solos ante el peligro. Por suerte, yo no estuve sola, aunque durante mucho tiempo creí lo contrario.

Durante esa relación de maltrato, que fue a más a poquitos y sin que me diera cuenta, me aislé de los míos y mi vida empezó a girar en torno a él. De pronto me encontraba aguantando humillaciones en público y ante nuestros amigos en común, discusiones descarnadas de las que por lo visto yo siempre tenía la culpa, gritos que me decían que era odiosa y que por eso estaba sola, gritos que me aseguraban que nunca podría ser ni profesora ni periodista ni nada que valiese la pena (y mira por dónde, he sido todo eso y más, y lo he hecho que te cagas), malas caras cuando salía sin él, desprecio hacia los míos y mi hogar, ceniceros volando por el balcón, mi vestido favorito roto por la mitad, chantajes emocionales durísimos, un libro roto que después arreglé con cinta adhesiva, un control agobiante de lo que hacía en internet, críticas sobre cómo me vestía, mentiras sobre los demás para hacerme creer que eran el enemigo... Y así, poco a poco, me perdí en una espiral de violencia emocional que empezó a ahogarme. Hasta que un día una discusión se le fue de las manos y llamé a la policía. Nunca me he sentido tan asustada, ni tan triste, ni tan valiente, ni tan niña. Porque yo le seguía queriendo, qué cosas...

Ese podría haber sido el final, pero por desgracia no lo fue. Estuvimos juntos un tiempo más, pero fue un tiempo malo, como era de esperar. Y luego terminamos, aunque ya ni recuerdo cómo, porque esos días se diluyen en mi memoria. Sin embargo, seguimos en contacto; de nuevo, una mala decisión. Hasta que un día esa sombra de mí misma encontró un poquito de fuerza y dijo basta. Gracias. Claro que después de cortar por lo sano la cosa no quedó ahí.

Fue entonces cuando llegaron los mails, los mensajes... A veces me escribía lo mucho que me quería y otras me decía lo mala que era. Yo leía y callaba, porque sabía que responder sería un premio. Y mi angustia y mi impotencia crecían...

Ya estaba entre los míos, intentando curarme a mi manera, cuando un día la ansiedad me pudo y fui a mi médica. Entré a la consulta y le dije: "Creo que he sufrido maltrato psicológico". Y me eché a llorar. Era la primera vez que verbalizaba lo que me había pasado, y de repente me derrumbé como hasta entonces no lo había hecho. De allí fui directa a una psicóloga a la que le conté cosas que nadie más sabrá, porque esa es la magia de sincerarte con una persona desconocida. Con ella empecé a tranquilizarme y recuperarme, y después, ya solita, aprendí a perdonarme. Porque durante mucho tiempo me sentí absolutamente avergonzada, y no paraba de culparme y hacerme la misma pregunta: ¿por qué había seguido con él? Con los años he encontrado varias posibles respuestas a ese porqué: primero, quizás, porque todavía no le había puesto nombre a eso que me estaba pasando; segundo, tal vez, porque me había reducido a la miseria y yo no era yo; y tercero, y de esto estoy segura, porque de alguna manera ahí había amor, aunque fuera un amor enfermo y mal entendido.

Hoy ya sólo siento pena por lo que pasó. Pena por mi familia, porque probablemente nunca sabré cuánto lloró mi madre ni cuánta rabia acumuló mi padre; pena por esos amigos que abandoné y no volví a ver; pena por mí, por el tormento que sufrí y lo que perdí por el camino; y pena por él, porque nos quisimos y no sé si llegó a entender lo que había hecho.

Una persona muy cercana a mí que sufrió un maltrato brutal por parte de su exmarido me dijo un día que le había perdonado. Sus secuelas van a acompañarla toda la vida, pero aun así ha elegido el perdón, tal vez porque la alivia. Yo, si os soy sincera, a veces también pienso en el perdón. Y pienso en la chica que soy ahora, en la mujer en la que me he convertido. Tuve la mala suerte de que me pasara algo malo que me rompió en pedazos, que me distorsionó, pero pasito a pasito aprendí a recomponer las piezas, como por fortuna han logrado tantas otras chicas. Y ahora, ¿a cambio?, soy mejor: mejor persona, mejor amiga, mejor hija, mejor hermana, mejor compañera.

Vale, no había necesidad de pasar por todo eso para estar donde estoy, pero si algo he aprendido es que no merece la pena mirar atrás, porque todo lo que nos ocurre nos convierte en lo que somos, y yo hoy me quiero un montón. Además, ¿sabéis qué? He encontrado a alguien al que amar con toda mi alma; alguien dulce, divertido y leal que me respeta, que me ama. No podría haber tenido un final de cuento mejor.


Bueno, de acuerdo, tal vez podría haber sido un final con más filtros, pero yo no sé si es la edad o qué, que ya hay cosas que no me apetece callar, como cuando os hablé de la regla, ¿os acordáis? Y tengo en mente un vídeo sobre pedos que tela marinera...

Por hoy os dejo descansar y os mando muchos muchos besos. Gracias por ser tan bonitas y bonitos ❤. Y, por favor, si conocéis a alguien que sufre maltrato en su relación de pareja, ayudadle; y si os está pasando a vosotros, que espero por Dios que no sea así, pedid ayuda: al 016, a vuestra familia, a vuestros amigos, a vuestro médico, a mí. ¿Trato hecho?

9 feb. 2016

► ¡Bienvenidos al Yoga Challenge!

Esto es lo que pasa cuando se juntan una yogui y una descoordinada de la vida para hacer posturas de yoga imposibles... Eh, eh, y quedaos luego a las tomas falsas, jijiji.



¡Un súper beso, bichillos!

PD: mis amigos ya me han hecho todas las bromas del mundo mundial, pero esos surcos no son de sudor, sino cosa de la camiseta, que es de varios colorillos... ¡Ains, qué paciencia!

1 feb. 2016

Así fue el flus que me dio en la víspera del día de Reyes

El mundo está hecho mierda, no hay más que repasar la actualidad para echarse a llorar y no parar hasta quedarse como una uva pasa. El hecho es que vivimos en un planeta hermoso, pero formamos parte de una raza capaz de lo peor y con muchas ganas de demostrarlo. Guerras, atentados terroristas, familias quemadas vivas, miles de niños en manos de organizaciones de tráfico de personas, animales apaleados y torturados hasta la muerte, mujeres asesinadas por quienes debían amarlas, bebés tirados a contenedores, pobreza en el primer mundocasquetes polares que se derriten, osos polares sin nada que comer... Ahora, para muchos, es el fin del mundo, y toda la culpa es nuestra. Bonito, ¿eh? En una película de aliens malos a los que exterminar para salvarse, seríamos ellos.

Pues eso, que esto está hecho mierda. Yo a veces no veo las noticias porque siento que me muero, que no puedo, que vivo en un mundo de políticos que se dedican a reunirse para tomar el té y tirarse galletas a la cara como si fueran caca. Y es entonces cuando busco la otra mitad del vasito, la que da esperanza, la que me cuenta que a pesar de todo existe la gente buena que hace cosas buenas, aunque sean pequeñitas. Por eso hoy quiero hablaros de una cosa buena y pequeñita que puede hacer mucho bien y no cuesta nada de nada. ¡Espero que os guste! Y si os animáis..., ¡yuju yuju!


Ay, esas canicas buenas, jejeje. Mil besos ♥.