22 may. 2015

'Trece gatos y una gallina', una novela importante

El otro día en Pamplona mi tía Nieves presentó su último libro, Trece gatos y una gallina, y allí que fuimos sobrinos, primos y hermanos a verla, todos bien orgullosicos.

La sala estaba llena, aunque de mujeres. Hombres había un puñadito nada más, y todos de la familia, porque la novela relata una historia de maltrato psicológico de un hombre (Juan) a una mujer (Amanda), y este tema no suele atraer a mucho público masculino. Una pena, qué queréis que os diga, porque sólo entre todos podemos lograr una sociedad de iguales.


Durante la charla se habló de las Amandas del mundo. De aquellas mujeres que, como la protagonista, entran sin darse cuenta en una relación de destrucción progresiva y absoluta. De mujeres fuertes que terminan siendo apenas una sombra de lo que eran, y que acaban aisladas y sintiéndose las personas más miserables del planeta. Todo por culpa de los Juanes que nos rodean, esos hombres aparentemente buenos (y listos, y atractivos, y caballerosos...) que terminan vaciando a sus mujeres. 

Seguro que, como yo, alguna vez habéis conocido a alguno de ellos. Con su violencia silenciosa debemos tener tolerancia cero, porque aquí nadie es más que nadie. ¿Y con las víctimas? Con ellas, siempre, compasión. Y muchísimo mimo. Y cero culpabilización. Porque sienten un dolor, una vergüenza, una soledad y un miedo que no se merecen.


En España el 12'5 % de las mujeres mayores de 16 años ha sufrido maltrato alguna vez en su vida. Eso son muchas mujeres. Y las cifras crecen cada año, porque gracias a que el problema se visibiliza cada día más, muchas piden ayuda cuando antes no lo hubieran hecho. Y no porque no se atrevieran: algunas ni siquiera sabían que estaban siendo víctimas de la violencia de género, sólo sabían que se sentían mal, que algo no marchaba bien.

Eso es algo de lo que habló mi tía, que además de escritora es médica. Contó que a su consulta acudían muchas mujeres con dolores crónicos, tristes, sin demasiada energía... Y explicó que en el momento en el que alguien inventó un día la expresión "maltrato psicológico", algo cambió en ellas. Respiraron un poquito mejor, un poquito aliviadas, porque por fin podían poner nombre a lo que les estaba pasando. 


El  maltrato psicológico deriva en un maltrato físico, y si del primero es difícil salir, del segundo no quiero ni imaginármelo. Pero es posible, y ese es el mensaje con el que nos quedamos todos los sobrinos, primos, hermanos y amigos que asistimos a la presentación de Trece gatos y una gallina, una novela dura pero esperanzadora. E importante también, como cualquier otra obra que ponga voz al maltrato.

Dejar atrás a una pareja que dice que te quiere y te necesita pero que al mismo tiempo te pega con sus palabras o con sus manos parece un imposible, pero no lo es. Y si lo parece, sólo hay que tender la mano para recibir ayuda, porque siempre habrá gente bonita dispuesta a prestarla. Y el 016, no  lo olvidéis.


Quien bien te quiere NO te hará llorar. 

Ni el chico a su chica, ni la chica a su chico, ni la chica a su chica, ni el chico a su chico.

1 comentario :

  1. Muy bonita la entrada de hoy y muy real por desgracia.

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