5 abr. 2014

De por qué Karen Marie Moning es la pu** ama

Tiene un título que no dice nada y unas portadas que ni fu ni fa (sólo dos parecen pertenecer a la misma historia y la primera da hasta grima), y además la editorial española que la publica arderá en el infierno de las faltas de ortografía (lentamente), pero, por lo demás, Fiebre es una saga de fantasía urbana tan salvaje como increíble.

Escrita por Karen Marie Moning, una mujer de una imaginación y un talento desbordantes, la serie se merece mil olas, porque cómo mola; y las chicas que me la recomendaron con tantísima pasión, Cloe y Clara, otras tantas.


Todo empieza cuando a Mac, que sólo piensa en ligar con chicos y tostarse bajo el sol del pueblecito norteamericano en el que vive, le dicen que su hermana Alina ha sido asesinada. La han encontrado tirada y llena de mordiscos en un callejón sucio de Dublín, le explican, y añaden que lo lamentan pero que van a cerrar la investigación porque no hay por dónde cogerla.

Eso a Mac no le vale. Ella quiere venganza. Ella es venganza. Así que vuela hasta tierras irlandesas para dar con el asesino de Alina, cueste lo que cueste. Lo hace en avión, vestida de rosa y con su melena rubia al viento; lo que no sabe es que pronto se habrá teñido de un color oscuro, habrá desterrado el rosa, se encontrará volando sobre criaturas que sólo deberían haber existido en los libros, y estará viviendo en la "librería" del muy misterioso y muy imperturbable Jericho Barrons.


Así comienza una de las aventuras más épicas que haya leído. Por sus personajes, extraordinarios; por su protagonista, sensacional; por su ambientación, que logra que huelas, y saborees, y palpes la pegajosa oscuridad; por su ritmo, demencial; y por sus giros constantes, sorprendentes hasta el final: por todo esto Karen Marie Moning es, como decía, la pu** ama.

Así que leed, leed esta saga. Vais a deshaceros, y a abrir los ojos como platos, y a desear que no acabe nunca. Y no lo hace, porque existen un spin-off y un cómic, pero eso lo dejamos para otro día. Mientras tanto, cuidaos de las sombras...