22 feb. 2014

Inventando una nueva profesión de justicia poética

Leer me gusta tanto como beber Nesquik, y ya conocéis la locura insana que siento por él. Por eso, cuando en la lectura de turno encuentro erratas y faltas de ortografía en cantidades industriales, me ocurre lo mismo que cuando veo un mosquito (pobrecico) flotando en la leche con cacao: arrugo la nariz y uno de mis cabellos se convierte en cana.

Dadme un "expiró" en lugar de un "espiró", o un "sino" que es un "si no", o un "qué" al que le sobra la tilde... y mirad cómo me salgo de la historia mientras se me queda blanquito el pelo.

Así que, en mi infinita esperanza de todo, lanzo al aire el siguiente deseo: que llegue el día en el que las editoriales estén obligadas a reembolsarnos parte del dinero por la compra de libros mal hechos. Como cuando vas a la tienda a cambiar una camiseta con un roto, por ejemplo (comparación perfecta de Rusta). ¿No os parece que tiene toda la lógica del mundo? Al fin y al cabo, hemos pagado por un producto defectuoso.

Mi idea, eso sí, no es devolver el libro a la editorial, sino que ésta nos reembolse un poquitín del dinero que hemos gastado en él. Fijaría esa regla porque, mientras que cuando se devuelve una prenda o una lámpara rota podemos conseguir otra igual enseguida, con un libro estaríamos hablando de que la editorial tendría que rehacerlo entero, y ese berenjenal duraría demasiado tiempo; eso en el caso, además, de que estuviera dispuesta a llegar tan lejos por un puñado de faltas.

¿De cuánto reembolso estaríamos hablando? Para hacerlo más sencillo, me centraría sólo en la cantidad y calidad de errores. Establecería tres niveles: un libro de nivel 1 supondría un reembolso del 80% del precio total, uno de nivel 2 significaría un 50% y uno de nivel 3, el 20%. Es decir, ante una novela de 20 euros con un nivel 2 de errores, nuestros bolsillos darían la bienvenida, a besos, a 10 euros.

¿Cómo habría que demostrar los errores de un libro? No os angustiéis, que de esto se encargarían los "Correctores del Reembolso". Sería una nueva profesión. Todavía no he pensado cómo funcionarían las empresas de Correctores del Reembolso, pero podrían hacerlo con un modus operandi similar al de las editoriales: corrigiendo textos sugeridos por los propios lectores y otros en los que ellas mismas tuvieran especial interés. Seguramente, dado que todo esto no dejaría de ser un negocio, el grueso de sus correcciones se centraría en publicaciones de editoriales a las que parece importarles un pimiento esto de dar un buen servicio.

Los Correctores del Reembolso repartirían los niveles 1, 2 y 3 en función, como he dicho, de la cantidad y calidad de faltas y erratas; por ejemplo, el nivel 1 se marcaría cuando se superasen los 50 errores; el nivel 2, cuando hubiese entre 20 y 50; y el nivel 3, cuando se encontrasen entre 1 y 19. Estos topes, si os parecen altos o bajos, podemos negociarlos con un Nesquik delante.

¿Cómo sabríamos si un libro es reembolsable..., aparte de aprendiéndonos todos las normas de ortografía? Por ejemplo, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte podría habilitar una página web de libros "marcados". Sería tan fácil como acceder a ella y mirar si entre la lista (infinita, no me cabe duda) se encuentra nuestra actual lectura. En esa misma web habría un apartado para efectuar el reembolso directamente a nuestra cuenta corriente, así que en un futuro no os olvidéis de guardar el ticket de compra del libro.

Y como diría Porky, esto es to, esto es to, esto es todo, amigos. ¿Qué os parece?, ¿tal vez demasié...? Pensad en la de libros que íbamos a poder comprar con todos los eurillos acumulados gracias a los reembolsos... Además, ya que muchas editoriales han decidido no respetarnos, tal vez apretarían el culo si un trabajo poco profesional les supusiese un mordisco en sus cuentas.


(Todo esto viene al hilo de mi actual lectura, que no está precisamente bien corregida. Siempre me pregunto qué dirían los autores extranjeros si supiesen lo que en España se hace con sus libros...).