24 feb. 2012

¡Dientes, dientes, Caperucita!

Los dientes de Totoro son incluso más grandes que los del lobo feroz y serían muy capaces de triturar a Caperucita en un par de perezosos bocados. ¿Qué es entonces lo que diferencia al lobo del achucha-peluche? Los ojicos, el espejo del alma.

Aunque quién sabe si el lobo era tan malo en realidad: que fuera grande, oscuro y peludo, y tuviera fauces y garras que daban miedo, no quitaba que pudiera ser un animal simpático capaz de echarse a Caperucita sobre el lomo y llevarla sana y salva hasta casa de la abuelita. Que en buena hora, por cierto, se fue la abuela a vivir al corazón del bosque, caramba. ¡Y en buena hora enviaron a la niña a pasearse por él con una cestita repleta de ricas viandas!

Buenas noches, ¡ya es casi fin de semana!

21 feb. 2012

Una lengua cargada de historias...

Di "Aaahhh".
Aaahhh.
... y bellos desastres.

15 feb. 2012

Motivos recurrentes y nuevas fuentes (rimo)


Hace alrededor de un mes os enseñé estas portadas y hoy os muestro a esta otra hermana, que si mis fuentes ficticias no se equivocan, se perdió en el bosque de Hansel y Gretel de camino a la casita de chocolate. La chica y el chico de la ilustración debieron de comerse las miguitas de pan; por eso de que "os gustará esto"... (No me lo toméis en cuenta, es tarde y hoy mis niveles de azúcar están por las nubes)

En resumen: parece que tenemos que dar la bienvenida a un nuevo modelo de cubierta cuya fama crece como la espuma en una cerveza mal servida, de esa que luego te deja bigote blanco y hay que repasarse con la lengua en modo sexy. Como siga así pronto llegará al nivel de Justin Bieber, que Dios lo pille confesado. Al menos parece haber muerto la era de las portadas "a la Crepúsculo", cosa que está muy bien porque ya bastaba de tanta tomadura de pelo. Claro que no sé si estamos en Guatemala o hemos viajado a Guatepeor, porque lo que se dice innovar, con estas tres hermanas que os he descubierto se ha innovado poco.

Mis fuentes (imaginarias, recordad) me aconsejan que me despida por hoy, y lo hago escuchando esto. Me vibran todos los poros, todas las fibras, todas mis conexiones cerebrales y ramificaciones que llegan al corazón. Escaflowne es una de las mejores historias del mundo mundial; algún día crearé algo que me conmueva y remueva tanto como ella. Si no lo consigo, lo que salga se quedará al calor del escondite secreto de madera rosa palo, cajón de arriba, dentro de la carpeta negra, cuidado con el cepo.

Mis fuentes me obligan a dejar de escribir absurdidades. Muy buenas noches.

14 feb. 2012

"Eona peleona"


Una de mis gracias, para alegrarle el día a alguien. Buenas noches, mundo.

12 feb. 2012

"Aquellos ojos míos de mil novecientos diez

no vieron enterrar a los muertos,
ni la feria de ceniza del que llora por la madrugada,
ni el corazón que tiembla arrinconado como un caballito de mar.

Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
vieron la blanca pared donde orinaban las niñas,
el hocico del toro, la seta venenosa
y una luna incomprensible que iluminaba por los rincones
los pedazos de limón seco bajo el negro duro de las botellas.

Aquellos ojos míos en el cuello de la jaca,
en el seno traspasado de Santa Rosa dormida,
en los tejados del amor, con gemidos y frescas manos,
en un jardín donde los gatos se comían a las ranas.

Desván donde el polvo viejo congrega estatuas y musgos,
cajas que guardan silencio de cangrejos devorados
en el sitio donde el sueño tropezaba con su realidad.
Allí mis pequeños ojos.

No preguntarme nada. He visto que las cosas
cuando buscan su curso encuentran su vacío.
Hay un dolor de huecos por el aire sin gente
y en mis ojos criaturas vestidas ¡sin desnudo!"

Federico García Lorca, aquel del pie de bronce robado, en Poeta en Nueva York, poemario que descubrí hace unos poquitos días y me devoró entera. Porque la poesía de Lorca es belleza, es tragedia, es dolor hondo y alma limpia, es sensibilidad bruta, esperanza y compasión.

Sus palabras son ahora mi nuevo caramelo, y como una niña entusiasmada de ojos brillantes tenía que venir a contároslo. Pero ojo: os hará llorar y os hará ver cosas. Como cuando el otro día me desperté de madrugada, con chasquidos invisibles en el aire, y al encender la luz del baño pillé bailando in fraganti a seis pequeños bichitos que al notarme allí de pie primero se quedaron paralizados y después se volvieron locos tratando de esconderse en huecos imposibles. Como si los fuera a pisar: ¿no sabían que había leído a Lorca y estaba conmocionada?

11 feb. 2012

El otro día vi La invención de Hugo

y por un momento me hizo sentir como Katniss el día de la cosecha cuando grita que ella se presenta voluntaria a los Juegos del Hambre en lugar de su hermana. Escenón donde los haya, y que la película de Hugo me haya hecho sentir eso fue grande y revelador.


No en vano, supongo, su director Martin Scorsese, perro viejo, se ha llevado un Globo de Oro por ella y ésta se encuentra nominada a once Oscars. Con todo esto, también es verdad, me arrebujé en la butaca del cine con altas y casi feroces expectativas. Y con los ojos rojos y enloquecidos: había dormido tres horas y después de la película me esperaba un examen de los imposibles. (Todavía no sé la nota.)

La invención de Hugo se estrena en España el próximo 24 de febrero, pero el otro día pude "colarme" en su pase para la prensa gracias a SM, la editorial que en su día publicó el libro en el que se basa la cinta. Fue toda una experiencia que me gustaría repetir algún día, porque ¡caramba! La sala estaba a rebosar de medios, la proyección fue en versión original con subtítulos (adoro, amo y deseo la V. O. por encima de muchas cosas), al término de la película era menester rellenar un cuestionario y en el vestíbulo había montado un tinglado de camareros y ricos canapés que apenas probé porque a) muchos llevaban carne y b) me esperaba un examen a la vuelta de la esquina y no tenía el horno para bollos.

Hugo Cabret es un niño huérfano que vive entre los muros y túneles de una estación de tren parisina. También es su relojero, aunque esto es un secreto. El único recuerdo que guarda de su padre es un autómata roto, una máquina humanoide que está empeñado en arreglar porque cree que esconde un mensaje de su padre. Como he dicho, es un secreto que sea el relojero de la estación: nadie debe saber que vive ahí solo, porque entonces se lo llevarán a un orfanato o Dios sabe a dónde. Pero Hugo es un niño y acaba picado por la curiosidad que le produce una niña muy rara, la hija del juguetero de la estación. La aventura de estos dos no ha hecho más que empezar...


Hugo cumplió las expectativas y además me tiró del guindo: no tenía mucha idea del argumento y, no sé por qué, pensaba encontrarme con un mundo de fantasía. Error: habla de máquinas alucinantes, pero se trata de una historia realista. Todo lo realista que puede ser cuando ves a un niño colgando en el vacío agarrado a la aguja de un reloj gigante. Hugo tiene ritmo, fuerza, tremendos efectos especiales, un vestuario y una ambientación que están de rechupete, personajes bien hechos del derecho y del revés, pizcas de humor, y constantes referencias al cine y la literatura que hacen que te sientas como en casa.

Sólo arrugué la nariz con dos cosas: me chocó ver a la guapísima Cloë Moretz vestida con tanto recato y chaquetones bien gordos para disimular unas curvas de adolescente que están ahí y que por lo visto a su personaje no le iban bien, y detesté el formato en 3D. La gente se empeña en seguir grabando en 3D, pero no se da cuenta de que todavía el cine no está preparado: las imágenes a veces quedan distorsionadas, es un engorro monumental andar con las gafitas y los ojos al final duelen.

Buena película, buen tono, buen producto. ¿Buena adaptación? Eso no lo sé, pero pronto leeré el libro para valorar. ¡Buen fin de semana!

9 feb. 2012

¡Los coches de Plum harán explosión en el cine!

Por fin el rumor da un salto de órdago y llega a la gran pantalla: la serie Stephanie Plum, de Janet Evanovich, se convertirá en película a finales de marzo de este año (aquí en España, porque en USA ya lo hizo hace unos días, ¡suer-tu-dos!). No sé si la cinta abarcará sólo el primer volumen, si será un mejunje de los dos o tres primeros libros, si es que la adaptación será libre hasta la náusea o si planean convertir esto en una franquicia (aunque yo diría que la primera opción es la correcta), la cuestión es que PLUM LLEGARÁ AL CINE. ¡ESO!

(Me he permitido mezclar, fusionar y lamer y pegar en uno los pósteres americano y español, y las cubiertas originales de las tres primeras novelas.)


Tengo que confesar que he leído con ansia fervorosa los nueve primeros libros de la señorita Plum, una cazarrecompensas novata a la que los coches le explosionan como si fueran palomitas al microondas, que encuentra cadáveres allá por donde va (en plan Jessica Fletcher), que incendia funerarias y se codea con lo peorcito de los barrios más peorcitos, que tiene una compañera ex-prostituta con muy mala hosti*, que persigue a un macizorro que bebe los vientos por ella ayudada por una especie de matón misterioso que hace que le tiemblen de deseo hasta los pelillos del ombligo... Vamos, que Stephanie Plum es una gran serie con ritmo, estilazo, súper personajes y un humor talla XXL. Sólo espero que la película esté a su altura y que Katherine Heigl, que desde que hace comedia romanticona en el cine no levanta cabeza, sea capaz de crear una Stephanie digna y creíble.

Y ahora, buenas noches. Voy a seguir engullendo pastillitas de chocolate y escribiendo mi ensayo sobre tiburones en formol. Después procuraré dormir como las personas normales y no en posturas de contorsionista, porque a la mañana siguiente no me puedo ni mover.

(Ah, bueno: os dejo el tráiler por si os apetece entrar en calor.)


Últimamente me he aficionado a


(rodar.)

Ruedan por el hielo y sin ruedas de nieve mis tengoquehaceres. Son muchos, son estresantes, son para tirarse de los pelos y sembrar canas. Y así, derrapando mientras cierro la boca para que no entren moscas, sin cadenas que me agarren al suelo, y sin faldas y a lo loco, me pasa que me caigo de culo y me doy en el hueso de la risa, y ya no sé si reír o llorar o frotármelo con yesca para sentir calor. Por eso lo mejor que puedo hacer es sacar las llaves del contacto, tirarlas por la ventana con mucho estilo y hacer un poco de libroterapia.

Me esperan cosicas como Blood Magic, Hija de humo y hueso o Finnikin de la roca. Con estos dos últimos libros también me permitiré un poco de cuquiterapia: el libro de Laini venía con una pluma suave y azul, y el de Marchetta tiene una cubierta de "ay omá". Pero lo primero es lo primero: cantar con Roberto Carlos, dormir como si no hubiera un mañana y hablar durante quince páginas de un (horroroso y trágico, si se me permite) tiburón de doce millones de dólares.

Durmamos, mundo.

8 feb. 2012

Quedan todos invitados a la


Ayer leía ojiplática las últimas confesiones de Daniel Radcliffe. Resulta que mientras duró el rodaje de algún Harry Potter hubo veces en las que grabó estando borracho, que su tragedia es ser un adicto silencioso y eso le ha hecho sentirse profundamente desgraciado, y que más de una vez le animaron a acostarse con grupis pottéricas pero desechó las ofertas porque de verdad valora a sus parejas. Fenomenal esto último, pero pobrecico por lo demás. ¿Fama y dinero igual a felicidad? Ecuación equivocada.

También confesaba que barajó retirarse de la franquicia después de la tercera película. Para renunciar a todo eso la situación tenía que haberse vuelto realmente dura. ¿Hasta qué punto convertirse en híper-mega-súper-archi-chachifamoso puede dinamitar la existencia de uno? Que se agarren Jennifer Lawrence (Katniss), Josh Hutcherson (Peeta) y Liam Hemsworth (Gale)... Ya lo decía Kristen Stewart: la fama agota y agobia hasta límites inaguantables.

Terminemos con algo bonito: el cartel en honor a las nominaciones a los Oscar que ha cosechado Harry Potter y las reliquias de la muerte Parte 2. Ojalá se lleve alguna estatuilla, ¡ya es hora de hacerse con esos cuatro kilos y treinta y cuatro centímetros!

3 feb. 2012

Esta semana me cambio de

Las elegiré verdes como las que llevo ahora, supongo, aunque mucho más gafapastosas para elevar el cliché a la máxima potencia. Como el lobo cuando le decía a Caperucita "¡para comerte mejor!" al preguntarle ella por esos dientes tan grandes, "¡para leeros mejor!", contesto yo a quienes me acompañan hoy: Woolf, Juan Rulfo, Valle-Inclán, Arthur Miller y Becket. La primera, con sus extrañas olas, me ha descolocado y desquiciado, y me ha regalado canas que no quería; espero que los demás se porten mejor y me cuenten una historia con cuerpo clásico.

¡Pasad una buena tarde de viernes!