31 oct. 2011

Un año de palabras bien escritas: gracias

En esta noche de muertos y santos vengo disfrazada a contaros que hace exactamente un año llegó a este mundo lijero El Tiramilla, ese diario en red de literatura juvenil que conocéis tan bien. Lo hizo con la fuerza de un equipo ilusionado, seguro, valiente, franco, fantástico y trabajador que no ha parado de mimarlo ni un instante en este tiempo. Un año ya, tantas cosas, sobre todo buenas.


Los tiramillotes, esa pequeña familia que crece poquito a poquito y orgullosa se sabe querida y respetada, hemos capeado cientos de temporales: tramando ideas junto a las musas (Erato, Calíope, Talía y Melpómene ya son buenas amigas), escribiendo cientos y cientos de palabras (pensadas, estudiadas, valoradas; hermosas, picantes, serias, divertidas; reales, experimentales, buenas, confrontadas) y escudriñando todo lo necesario. Muchas horas invertidas, desde luego, y noches sin dormir y ojos que picaban y fechas límite que al final siempre llegaban, además de discusiones literarias muy apasionadas. También hemos superado torpezas y luchado contra monstruos invisibles, fortaleciéndonos con todo, y por descontado hemos leído libros y libros, y hemos tenido la suerte de poder reunirnos al calor de lamparitas, ensaladas para unos y carne para otros, y conciertos de jazz.

Un año lleno de matices, de detalles para el recuerdo. Maravilloso casi siempre, y motivador, en gran parte gracias a vosotros, los que estáis al otro lado y leéis cada cosa que escribimos. Vuestro aliento es el que nos da la energía para estar aquí. Gracias a todos. Y gracias a mis compañeros, porque se han convertido en parte de mi día a día, una parte muy buena, aunque a veces me dé el aire así porque sí y tenga el día gruñón, sobre todo cuando me enfundo en mi traje de correctora (ahí no se salva nadie, mis compañeros dan fe de ello).

A todos, los buenos y valientes, os deseo la mejor noche.

30 oct. 2011

Cuando cuento sobre blanco y recojo guantes negros

Hoy, que ganamos a la noche sesenta minutos como buenos campeones, La Tienda de las Horas cierra durante unos días, así que no me ha quedado más remedio que venirme a este lado del espejo. El lado mal iluminado, mustio de necesidad y de figuras que pasan de puntillas. Para colmo La Tienda levantará tranca y cierre cuando se le encapriche, y eso no puede ser (aunque sea).

Tampoco puede ser que el balcón esté cerrado con las persianas bien estiraditas y del otro lado siga colándose una música caliente, pegajosa e invitadora que no es para mí. Tampoco que cuando una pone el corazón en algo, después tenga que recogerlo hecho jirones, desgarrado a tiras con espadas diminutas de gente diminuta. Pero oíd todos: la música podrá transformarse en aire y escurrirse por entre las rendijas y convertirse en díscola sombra de Peter Pan, no así la gente diminuta de espadas diminutas. Sobre todo porque nada es nunca lo que parece, y esa gente en realidad no es tan pequeñita; ni tan malvada, ni tan hábil, ni tan feroz; tal vez se trate de personas a veces pequeñas que luego son grandes y después otra vez pequeñas, y que de vez en cuando blanden sus filos porque se pierden en la parte del camino mal iluminada, mustia y de figuras que pasan de puntillas. Ahora sólo tengo velas, mañana buscaré bombillas.

(...) Guantes Blancos respira sobre el baúl, fundiendo con su calorcito los jirones, así que os doy las buenas noches, personas grandes y gente diminuta; nos apagan las estrellas.

28 oct. 2011

Brutal e hilarantemente narniano

Si encendéis la luz y cambiáis vuestros ojos por unos biónicos súper poderosos, apreciaréis que los personajes del fondo son los de las películas de Las crónicas de Narnia. Pues bien, sabiendo esto atented a esto otro, algo que yo llamo "Juguemos a Narnia".

Ve a Ikea. Escóndete en un armario. Cuando alguien abra el armario grita: "¡¡¡¡POR NARNIAAAAAA!!!!

Como la vida misma. Y ahora pongo cara de pan y me voy a hacer la comida, que hoy toca tarde de derechos y literaturas.

25 oct. 2011

Las doce plantas de Scholastic: para quedarse a vivir allí


Tiene palmeritas, cafeterías con una pinta estupenda, una colorida terraza exterior desde la que se divisa Manhattan, cientos y cientos ¡y cientos! de libros juveniles, escaleras mecánicas, merchandising lijero a tutiplén, profesionales de renombre, ideas de potencial bárbaro, alcance internacional... Os estoy hablando de la editorial estadounidense Scholastic, "culpable" de cositas como Harry Potter (allá) o Los Juegos del Hambre. Para saber más y alucinar ojipláticos, dadle al play.

Y ahora nos deseo a todos buenas noches con esta cubierta: Las chicas del mañana, detrás de las puertas. Me muerde la curiosidad...

20 oct. 2011

¡Estaré en la presentación de Las Tibias Cruzadas!

Y lo haré muy bien acompañada, con mi camisa favorita y los nervios a flor de piel, y con muchísimas ganas de contaros "cosas" sobre el desenlace de Skeleton Creek, el 16 de noviembre en librerías. Pero empecemos por el principio...

Ya os daba una pista poco misteriosa en el post anterior: este sábado 22 a las cuatro de la tarde tenéis, si podéis y queréis y deseáis, una cita literaria en el Museo del Romanticismo de Madrid (C/ San Mateo, 13). Allí, enmarcada dentro del Festival Semana Gótica de la ciudad, se celebrará la presentación de Las Tibias Cruzadas, el tercer libro de la saga El diario de Ryan, popularmente conocida como Skeleton Creek.

En la mesa estaremos la editora de la serie, María José Guitián (de Bruño), el escritor Miguel Luis Sancho, la bloguera Verónica Pérez y yo. Hablaremos del nuevo libro, se leerá el primer capítulo, y charlaremos entre nosotros y con vosotros. La fiesta promete ser fabulosa, ¡os esperamos a todos! Y nada de quedarse en casa porque os dé vergüenza, que a veces pasa: venid, saludad y ya veréis lo bien que os lo pasáis.

19 oct. 2011

Siniestra y de ojos azules

Revived será lo nuevo de Cat Patrick (autora de Forgotten, este mes en librerías por La Galera), sobre una chica, Daisy Appleby, que muere y la resucitan, muere y la resucitan, todo en un plano muy científico y poco ético.

¿Que por qué os cuento esta milonga? Por ofrecer pura información, así, a secas; porque si Forgotten funciona tal vez en un futuro Revived, que pinta interesante, llegue a esta orilla del charco; y porque la portada es para quitarse el sombrero... y taparse con una mantita. Qué frío da, qué miedo, qué expresión de cejas la de Daisy, y cómo inquieta ella en sí misma y su soledad. Sobre todo porque el plástico que rasga parece el de una bolsa funeraria.

Hay que ver lo asustadiza que me está volviendo Skeleton Creek. En unas horas os cuento sobre esta saga, aunque podéis adelantar los deberes leyendo ESTO. ¡Buenas noches !

14 oct. 2011

Los libros huelen a esponjas amarillas

¿Qué pasa cuando algo es bueno y funciona?, ¿o cuando simplemente funciona? Que llega Bob Esponja y con su esponja lo absorbe todo, y de repente nos encontramos con eso que funcionaba multiplicado por todas partes. Los productos se convierten en espejos y todo tiene un olorcillo familiar... En el universo lijero esto sucede a menudo. Pasó con Harry Potter: después de este niño mago surgieron muchos otros. Pasó con Crepúsculo: después de Bella, su lobo y su brillante y doliente chupasangre, se reprodujeron muchos otros, ¡y hasta el estilo de las cubiertas de la saga! Y así. Y aunque esto de no innovar y bañarse en las ideas de otros me parece de lo más bobo y aburrido, también tiene su parte divertida. Por el ridículo, digo.

¿Qué tienen en común Instinto (el 25 de este mes en librerías) y Despertar? A simple vista, dos detalles fáciles e insignificantes: títulos directos y llenos de drama y posibilidades, y la editorial que los ha traído a España. Si afilamos el ojo, encontramos un parecido mucho más razonable, atentos.

De esto va Instinto: Tras conocer a Jack, la vida de Alice Bonham, de diecisiete años, da un giro inesperado. Y es que él es diferente a nadie que jamás haya conocido. Todo cambia cuando conoce a Peter, el hermano de Jack, cuya penetrante mirada la atraviesa. Aunque Peter parece odiarla, Alice siente que le falta el aire cuando está cerca de él. Pero su mayor problema no es haberse enamorado de dos chicos tan diferentes, sino que Jack y Peter son vampiros y Alice tendrá que elegir entre el amor o su propia sangre.

¿Os suenan las partes subrayadas? Si recordáis, en Despertar también tenemos a la chica, Elena, de diecisiete primaveras, cuya vida gira inesperadamente como una noria cuando conoce a dos hermanos, uno bueno y el otro aparentemente maligno, ambos vampiros. Hay que ver qué poca imaginación parece haberle echado Amanda Hocking a su historia.

Sin embargo, es Jennifer L. Armentrout, la de Mestiza (el 18 de este mes a la venta), la que se lleva la palma, la reina de las reinas de la piña bajo el mar. Y lo digo porque su novela va de esto:

Los Hematoi provienen de la unión entre dioses y mortales, y los hijos de dos Hematois de sangre pura tienen poderes divinos. En cambio los hijos de Hematois y mortales, no. Los mestizos solo tienen dos opciones: ser entrenados para ser centinelas, cazando y matando Daimons o convertirse en sirvientes en las casas de los puros. Alexandria prefiere arriesgar su vida luchando antes que limpiar retretes, aunque puede terminar en los barrios bajos de todas formas. Hay reglas muy estrictas que los estudiantes de Covenant deben seguir. Alex tiene problemas con todas ellas, pero especialmente con la regla número 1. “Las relaciones entre sangre pura y mestizos están prohibidas.” Por desgracia, Alex se siente atraída por Aiden, un sangre pura irresistible. Pero enamorarse de Aiden no es su mayor problema – mantenerse viva lo suficiente para graduarse en el Covenant y llegar a ser centinela sí lo es. Si no cumple con su deber, se enfrentará a un futuro peor que la muerte o la esclavitud: se convertirá en un Daimon y Aiden será su cazador. Y eso no es nada bueno.

Aquí ya ni pongo rayitas ni pongo nada porque quedaría muy sucio, y es que Armentrout ha construido el argumento de su libro con mucho descaro y olé. Básicamente se ha dedicado a tomar el modelo de Vampire Academy y cambiar los nombres de las razas y poca cosa más. Comparad el argumento que os acabo de copiar con las siguientes notas sobre VA.

Los dhampir son mitad humanos y mitad vampiros, y además protegen a los vampiros puros, también llamados moroi, que son superiores en la escala de valores (digámoslo así). Los dhampir sirven a los moroi, viven por y para ellos, les dedican su vida, y es por esto que no tienen derecho a enamorarse. Además, las opciones de los dhampir son claras: o protegen a los moroi, y para eso hay que entrenar duro en escuelas especiales, o les sirven (les proporcionan sin pudor sexo, sangre y todo lo que tengan a bien pedirles). Por supuestísimo es inviable una relación entre un dhampir y un moroi, nadie osaría, y por supuestísimo también la protagonista de esta historia, Rose, es de lo más rebelde. Ah, y no hay que olvidar a los strigoi, vampiros malogrados, perversos chupasangres al uso. En Mestiza por lo visto la protagonista se enamora del equivalente moroi en el universo de Armentrout, rompiendo así las reglas y espoleando el asunto para darle más emoción... pero esta alteración sigue sin ofrecerme la suficiente originalidad, el suficiente atractivo.

Buenas noches, mentes claras, dulces sueños.
Ah, hoy he llevado los zapatitos rojos.

13 oct. 2011

¿Y ahora qué, Anne Emond?


"Ahora que he terminado de leer mi libro... no sé qué hacer conmigo misma."

Terminarse un libro es motivo para muchas cosas. Si ha sido un horror, para probar con otra historia sin perder la fe; si ha sido maravilloso, para intentar seguir ganando la lotería literaria. Pero en cualquier caso, terminarse un libro significa leer después otro, y antes de eso elegirlo, y para ello barajar opciones y descartar novelones y cercar el cerco y dudar hasta el infinito y mucho más allá sobre si este librucho o el otro. Vamos, que lo que más me gusta del placer de leer es el placer de haber elegido y llevar ya unos cuantos capítulos leídos: para entonces, aunque la elección haya sido como para arrancarse la piel a tiras y echarla al mar, al menos llevo un cachito leído y empiezo a manejarme con los nuevos personajes, el nuevo lenguaje y los nuevos dramas. Y digo "nuevo/s" cuando puedo decir manido/s y resabido/s y ahdiosmíootravezno, claro, pero eso, como ayer cuando hablé de Remy y Wendy, es otra historia.

Y todo esto para qué.

El porqué es evidente: ya es de madrugada y una se merece un poquito de libertad en su Tienda de las Horas. ¿Pero "para qué"? Para contar que tal vez mi próxima lectura la elija como hago con la ropa, y me explico: es que me visto según mis humores. ¿Que amanece con sol y los pájaros cantan y las nubes se levantan que si que no? Me enfundo un pañuelillo de colores vivos, pulseras bonitas y mis zapatos rojos. ¿Que me despierto con el pie izquierdo y no tengo el corazón contento ni lleno de alegría? Pues voy de negro, de los pies a la cabeza, y además lo arreglo mirando mal a la gente por la calle, intimidando como una arrabalera. La verdad es que tengo curiosidad por mañana: ¿qué pie descansaré primero en el suelo?, ¿caerán chuzos?, ¿seguiré escribiendo con letras de canciones?

12 oct. 2011

In my mailbox (37) Remy me habría mirado mal, Wendy me habría dado quitaesmalte

Todavía es pronto para llamar a hoy "mañana", pero aun así diré que ayer se cumplieron cien años de la publicación de Peter Pan, del señor J. M. Barrie. Cien años de Wendy, el niño que volaba, la sombra que se le escapó, y los varios niños perdidos y encontrados. También cien años de un final que haría trizas y echaría a la hoguera por mal brujo, pero esa es otra historia.

Y aquí estoy yo, hoy, mañana, en la madrugada de un miércoles que será para el ejército del aire, ya sólo con un poco de cordura, con el cerebro hecho puré, bien machacadito. Sólo quería pasar para daros las buenas noches, incluso a los dormidos (es éste un mensaje en clave, claro), y enseñaros esa fotografía; llamémosla "Canción sobre pared azul".

Una canción para ti
, de Sarah Dessen: novela leída y muy disfrutada. Tierna, diferente, divertida, seca en su realismo, esperanzadora. De ella os hablaré más otro día, también de su fantástico plantel de personajes; hoy simplemente digo que si Remy, la protagonista, viera mis uñas (recién mal pintadas por culpa de la prisa, mi torpeza crónica y un pulso como una ola rápida), chasquearía la lengua en un "tttchñ" desaprobatorio. Por su parte, Wendy Moira Angela Darling, como buena chica amable de su época, tomaría un paño húmedo y corregiría el color rojo de mi piel... aunque tampoco nos aventuremos, oigan. Hasta mañana.

11 oct. 2011

Nunca es tarde, ¿verdad, Larry Crowne?

El otro día fui al cine con mi madre. Fue una de esas tardes madre-hija en las que se habla, se está bien y se descansa. Nos acercamos a la taquilla, vimos que había una nueva peli de Julia Roberts y Tom Hanks, y dijimos "a por ésta". Sin saber de qué iba, para qué; saliendo estos dos y cruzando un poco los dedos seguro que el caramelo sabría muy rico. Y acertamos, clarinete, cumplió su función.

Sencilla, divertida por las rarezas y torpezas de sus variopintos personajes, muy curiosa, muy fresca, súper agradable, bonita, peculiar a veces, perfectamente romántica y familiar. Además por ella desfilaron varios actores conocidos y muy queridos: como Fez, aquí reconvertido en un scootero duro y sexy perdida y celosamente enamorado de la chica más imprevisible. El desenlace, por cierto, fue como tenía que ser, e incluso mejor, gracias al inesperadísimo guiño final justo antes de los créditos, que siempre hay que quedarse a ver "por si acaso".

En fin, que nunca es tarde para nada. Ni para volver a estudiar, ni para enamorarse, ni para prepararse un discurso sobre la patata, ni para formar parte de una pandilla que chasquea los dedos en su rito de iniciación. Eso lo saben muy bien Larry Crowne, con -e final, Lance Corona para los amigos montados en scooters, y su profesora de Oratoria 217, la señorita Mercy Tainot.

8 oct. 2011

Así empiezan las cosas, con sombreros

Para quienes... huelen las estrellas y las rozan con las yemas, se les enfría la nariz porque ya hace frío, brincan en la cama o taconean sobre el asfalto, agitan las varitas al rimo de "wingardium leviosaaa", duermen y roncan o quieren dormir y roncar, son felices o un poquito poco felices, se colocan bien las gafas mientras pasan las páginas de un libro, leen esto y teclean aquello, bostezan, tienen tics y manías y cosas suyas, acarician a otros, cuchichean, prefieren el silencio, guardan la radio bajo la almohada, y quieren y les quieren y les van a querer. Buenas, buenas, buenas noches, tomad vuestros sombreros .

5 oct. 2011

LBD (Cosas de chicas y La gran escapada), de Grace Dent

Veronica Ripperton (Ronnie a secas, gracias), Fleur Swan y Claudette Cassiera (Claude para las amigas) son las LBD, Las Bambinas Dangereuses. Están locas por la música, son de lo más enrolladas y juntas han demostrado ser capaces de todo, pero además por separado suman cualidades muy interesantes. Ronnie vive encima del Viaje Alucinante, el bar de sus irreverentes padres, y ya empieza a enterarse de qué va esto del amor. Por su parte, Fleur es la niña rica del grupo, la que quiere algo y lo quiere ya, y la que está logrando que su padre, Paddy Swan, recto miembro del club de fans de James Bond, empiece a perder la cordura (es lo que tiene que tu hija enseñe por televisión el tatuaje que se ha hecho en el culo...). Y Claude es la inteligente y presunta niña bien de las tres, y digo presunta porque sí, es responsable y organizada y la mente templada de las LBD, pero precisamente esa apariencia de niña buena es la tapadera perfecta para cometer trastadas sin que se la cargue. Bienvenidos al día a día de "las chicas más listas, atrevidas y marchosas del hemisferio norte".

Los dos primeros títulos de esta serie de tres llegaron a España entre 2005 y 2006 de la pata de Salamandra, y yo, más lenta que el caballo del malo, los he leído ahora. Me han recordado muchísimo a Los diarios de Georgia Nicolson, de Louise Rennison, publicados por la misma editorial; de hecho se podría decir que las LBD son una versión light de Georgia y su panda de las Fantásticas (por si acaso aclaremos que Rennison, inglesa como Dent, llegó antes). Las Bambinas no le echan tanto morro a la vida como las Fantásticas, ni son tan rebeldes, ni se inventan tantos bailes, ni son tan hilarantes, pero como alternativa lijera me han parecido estupendas. Caen bien, de la primera a la última, incluida la mimadísima señorita Fleur Marina Swan; resultan tan agradablemente juveniles que leer sus cosas de chicas divierte; y sus madres, padres y el coro de la iglesia ghanés animan que da gusto el cotarro cuando se entrometen para chafar planes de morreos y viajes sin supervisión paterna.

Grace Dent es la culpable de todo esto. También de la agilidad en la narración, de un ambiente de instituto inglés para nada pesado, y de una trama bien vestida y bien armada. Desde luego los suyos no son los típicos libros juveniles y románticos de calidad literaria cuestionable. Eso sí, no niego que en ambas novelas haya clichés, los chicos flojeen (sobre todo porque son bobos), o Dent no sepa ser tan sorpresiva, desternillante, ingeniosa e incisiva como Rennison, pero me parecen dos obritas perfectamente entretenidas.

Y ahora me encantaría que Salamandra publicase el tercer y último título de las LBD, Amigas para siempre, pero me da en la nariz, no sé por qué, que tendré que esperar sentada tocando los bongos... Ojalá haya más suerte con el décimo ¡y último! diario de Gee. Llevo esperándolo un par de veranos y todavía no sé si se quedará con Dave el Risas, el caliente y tontaco italiano, o el primer dios sexy. Jo, qué lío de cachondismo cósmico.

Hoy en casadellibro.com...

"Desde 1923, tu librería de confianza y tu compra segura de libros en Internet": me parece que no. Casa del Libro puede llevar vendiendo libros desde 1923, pero estoy segura de que su librería online no lleva abierta todos esos 88 años. Hay que ver lo que hacen una coma mal puesta o un orden de palabras desafortunado...

¡Buenos días por la mañana! Sorprendentemente por estas tierras hace sol (¡y calor!), ya me he quitado las legañas y ahora voy a desayunar cookies caseras () antes de un día de no parar. Al tajo, caballeras y caballeros.

4 oct. 2011

Reflexiones sobre los crispis de la rana

Hay dos asuntos que me molestan de estos cereales: uno, que cuando se ahogan en leche saben a libro mojado; y dos, que cuando te los estás echando en el tazón, se te quedan pegados a la mano y es un rollo.

Buenas noches, que se apagan las farolas y se llevan las calles.

3 oct. 2011

Cómo atentar contra el buen gusto




Existen editoriales expertas en malograr sus libros a través de lo más básico, sus cubiertas; no hay más que echar un vistazo a esta muestra portadística para comprobarlo.

A las izquierdas, las portadas originales del tercer y cuarto libro de Los Sangre Azul, una saga interesante por la que no se ha hecho gran cosa en éste nuestro país; y a las derechas, las versiones españolas, por obra y gracia de Tikal, con un ojo para el contra-buen gusto excelente. ¿Podían ser más horrendas esas portadas adaptadas? ¿Podía la escultura de Revelaciones ser más amorfa? ¿Podían las uñas de El legado Van Alen ser de un plasticucho menos discreto? ¿Podían, en general, ser peores los montajes? La respuesta a todas estas preguntas es "creo que no".

A tenor de todo esto (y otros ejemplos lijeros no nombrados pero seguro conocidos por todos), da la sensación de que algunas editoriales todavía no han aprendido que jugar con el buen gusto y la chispa de la portada de un libro es muy poco recomendable. Porque, vaya, me plantan las cubiertas izquierdas en una librería y hago caso a sus libros, pero me enseñan las derechas y huyo de allí en menos tiempo de lo que tardaría en exclamar por lo bajini "¡qué cutres!". Y sí, sería una espantada injusta para esas novelas, pero la verdad es que el mercado editorial se encuentra lleno de obras curradas por delante, por dentro y por detrás; hay mucho donde elegir y por desgracia no hay tiempo para probarlo todo.

Si a alguien le parece que las derechas son preciosas respetaré su opinión, porque de colores está pintado el mundo.

2 oct. 2011

Cómo mantener la calma para encontrar al señor Darcy

Hay que currárselo para encontrar a Mr. Darcy . Eso lo saben bien Jane Austen (Orgullo y prejuicio) y Helen Fielding (El diario de Bridget Jones), que se las hicieron pasar canutas a sus protagonistas femeninas hasta que encontraron el amor. La de Austen, Elizabeth Bennet, se apoyaba en su fortaleza para soportar la indecisión de Darcy, tan dramático; mientras que Bridget, mucho más moderna pero menos romántica, ahogaba sus penas en las copas, los cigarrillos y la abundante comida. Hay que entenderlas: buscaban un manjar para toda la vida que se hacía de rogar.

Un señor Darcy es educado, inteligente, un poco inglés en sus formas y cuando arruga la nariz, esencialmente bueno aunque tan tímido que da la impresión de ser arrogante e intratable, cariñoso cuando cree que no le ven, siempre sincero y tremendamente torpe en sus habilidades sociales. No es peligroso, ni encantador, ni insustancial. Mr. Darcy es Mr. Darcy: adorable a su manera y el sueño de muchas.

No podrá ser nunca un señor Darcy el vecino de enfrente, desaseado y maleducado, que sale al balcón todas las mañanas para poner la música a todo trapo hasta que se oculta el sol. Sigo sin explicarme por qué tiene enchufado el equipo en esa parte de la casa, aparte de para dar un concierto de música mala al vecindario. Tampoco serán Darcys los chicos de una noche, esos que salen a cazar a las discotecas muy pagados de sí mismos y chocan pechos con los colegas cada vez que logran un triunfo. Ni los que no saben lo que quieren, los cobardes o los lloricas de esquina fija; tampoco los zalameros de lengua venenosa ni los que se compran zapatillas especialmente diseñadas para trepar y machacar. Todos estos ejemplares del sexo masculino sólo pueden aspirar a ser señores Wickham, clérigos Collins o editores DanielCleaver; aunque a veces ni eso, vamos a ser justos.

Nunca he sido de las que llevan preparando su bodorrio desde el jardín de infancia, y cuando era una enana y mis amigas ya empezaban a fijarse en chicos, con boquita pequeña les decía que no le encontraba el atractivo a eso de echarse novio. ¿Para qué? ¿No era más divertido hacer trastadas con tu mejor amigo en lugar de andar por ahí súper serios cogidos de la mano? La verdad es que me tomé mi tiempo antes de despertar, y cuando lo hice, sin prisa descubrí que no todos los proyectos de hombre serían siempre tan lamentables, que como habían contado Austen y Fielding de verdad existían los señores Darcy. Ellos hacen que el tortuoso, indescifrable, cachondo y extraordinario camino del amor valga la pena, sólo hay que mantener la calma y ponerse a olisquear. Sin desesperar y convertir el juego en una locura, ojo, hay que saber disfrutarlo. Y al final, después de ochopicientas vueltas de arriba abajo y de abajo arriba, varios entrometidos señores Wickham y Cleaver, ojos de sapo de no poder parar de llorar, granitos de arena que convertimos en cordilleras, caos cerebral, y donuts y ensaimadas para ahogar las penas, conoces a tu propio Mr. Darcy. Y aunque no siempre vaya a ser el hombre perfecto porque, gracias a Dios, no existe un hombre tan perfecto (sería desesperante, para tirarse de los pelos), y haya que mimar la chispa día a día para mantenerla calentita y segura, vale la pena vivir, saborear y exprimir la aventura.