30 abr. 2011

29 abr. 2011

Unos cuarentaidos pares de ojos que remiran

¿Cómo empezar a contar de nuevo? Porque hace tanto (¡tantísimo!) que no tengo ni un ratito para esta casa que casi se me había olvidado cómo dejarme salir a borbotones y sin miedo. Pero no es tan difícil, casi como sumar dos más dos y que el resultado te dé tres. Como colocar en orden un par de imágenes antes guardadas a buen recaudo para un momento raro como éste, desplegar falanges, hacer movimientos de cuello y dejarse llevar.
Y ahora pliego con una imagen que da hambre y sed y va a hacer que me prepare un colacadito con mini-galletas. También con el deseo de un libro nuevo, casi una necesidad, y es que he vuelto de Sant Jordi y la Noche de los Libros con una mano delante y otra detrás.
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21 abr. 2011

Mente de pasta en La elegancia del erizo



Últimamente sólo he leído literatura fácil. Bonita, cómica, ingeniosa, amable, truculenta, rápida o misteriosa, pero fácil al fin y al cabo. No en imaginación, que de eso ha habido de todo, pero sí en léxico, filosofía y elegancia. Por eso ahora pasa lo que pasa con mi lectura del erizo parisino de Muriel Barbery, que me obliga a avanzar tres pasitos para retroceder uno en el camino con el fin de no perderme ni una sola de sus enseñanzas. Estoy disfrutando de la novela, ojo, pero no es de esas de picar entre horas. Un buen reto que cada vez se pone más interesante y en algunas páginas me lleva a discutir con la lucidez radical de la autora; ella, de líneas rectas y gruesas, y yo, que al colorear me salgo de los bordes del dibujo.

20 abr. 2011

Los ojos del alma, de Jordi Sierra i Fabra

Reconozcámoslo, la portada de este libro no es para echar cohetes y el rostro cuasi demacrado de la atleta hace levantar una ceja y fruncir ambos labios. Pero la historia entre cubierta y contra es de esas que colman, animan y nos llenan los pulmones de oxígeno, porque habla de la superación a través del esfuerzo y de caer y tocar fondo para luego levantarse y rozar el cielo. También de quererse más, confiar y ser leal.

Todo eso en muy poquitas páginas que cuentan el cuento basado más o menos en hechos reales de una adolescente que lo tenía todo y a punto estuvo de perderlo: de un día para otro le diagnostican una enfermedad degenerativa que irremediablemente hará que se quede ciega, y a ella, Edurne, se le viene el mundo encima. Pero sabrá rodear el globo y darle un abrazo grande gracias a su pasión (el atletismo), su grandísima fuerza de voluntad, sus ganas de vivir, su familia y el primer amor.

14 abr. 2011

Jueves motorizado: va de P2



Vaya novedad, pues claro que sí
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¡Y cambio y corto, porque voy con mucha prisa!

13 abr. 2011

C, miércoles y trece



Una vez asistí a un momento familiar que no entendí. Hablaban de la C, de la gran C de alguien. Por lo visto se trataba de algún código secreto para no alarmar a mi abuela, que aunque sorda como una tapia, se encontraba presente y al loro. Y al tiempo descubrí que esa mayúscula se refería a una de las peores enfermedades, el Cáncer.

El otro día, profundamente aburrida y con el cerebro poco dispuesto a cooperar, me puse a hacer zapping y di con The Big C. La serie, lejos de convertir la desgracia en un drama para hipar y llorar, se atrevía a afrontarla de la mejor de las maneras: con su poquito de realismo y su otro poquito de humor sano, con una pizca de ironía y un buen puñado de colores y sabores, y un ritmo tan ágil como descansado que era posible gracias a unos personajes inmejorables. Os invito a darle una oportunidad a The Big C, a disfrutar de su historia, madurar con ella y comprender que somos capaces de salvar la luz del pozo más negro.

12 abr. 2011

Aro de bollo desmigado con chocolate



Así como es una verdad personal~universal que las olivas más ricas son las duras y que cuando se encuentran en ese estado parecen culitos prietos de color verde pistacheado, de igual manera es algo cierto y resabido que el último bocado es siempre el mejor, el más especial. Aunque también es el de la despedida, porque se acaba; como ese donette o las últimas páginas de una buena novela.

En realidad todo esto se reduce a ¿qué leo ahora? Mientras me decido, tal vez escriba un libro cerrado .

11 abr. 2011

Proyecto Amanda. Libro I: Invisible, de Melissa Kantor

Sienta bien la perspectiva. Diría que siempre, pero regodearse en un mismo punto nos hace sentir seguros porque se trata de algo conocido. Es como con los libros, que tiendo a leer siempre lo mismo sin salir de ese pozo maniqueo tan aburrido, pero después me canso de repetirme y pruebo aires nuevos con ganas de que me sorprendan. Eso ha sido Amanda invisible, y qué contenta me ha dejado. Rápido, ágil y divertido, curioso a rabiar, extraño y misterioso, bien dibujado, amable y pensante; estos adjetivos cobran sentido durante la lectura, ojo, no los suelto porque sí o porque esté un pelo obsesionada con las enumeraciones.

Mi libro llegó a casa sin sobrecubiertas, pero eso lo hizo todavía más especial, más raro. Y a mí lo extravagante y original confieso que me ENCANTA. Por eso mi Amanda es de color rosa chillón y entre dos páginas que no diré descansa un diente de león de esta primavera.

Leí la novela, la primera de una serie de ocho, bajo un cielo azul que requería no mirar con fijeza al sol, y fui a buen ritmo, deprisa y corriendo aunque sin llegar a resollar como una vaca echando una carrera al tiempo. El misterio estaba claro, existía una chica hippie, inteligente y tremendamente camaleónica que se hacía llamar Amanda y se había camelado a todo Blas: a la lista que como una tonta había caído bajo el yugo de las populares del instituto, todas barbies borreguillas; a la friki, la que a pesar de sus posibilidades se había ganado a pulso convertirse en una paria; y al que cerraba el círculo, un buen chico guapete, buen dibujador y todavía poco hecho. A los tres hizo creer que eran sus guías, parte de ella, su persona especial... pero Amanda un día desaparece, se rompen los esquemas y se desencadena el caos. Porque nadie sabe quién es esta chica, dónde se esconde, por qué se ha dedicado a dejar mensajitos por toda la ciudad o qué es aquello de lo que tiene miedo. Serán sus guías, unidos por la causa a pesar de sus diferencias, los que rastreen sus miguitas de pan. Algunas se las habrán comido los pájaros, como ocurrió en el cuento de Hansel y Gretel, pero otras seguirán ahí, en el camino de baldosas amarillas de Oz, brillando como si las hubieran bañado en líquido fosforescente.

Posdata ~ A quien le haya asustado eso de "la primera de una serie de ocho", que respire hondo como yo. Mientras la búsqueda de Amanda no aburra, creo que merecerá la pena; además, si no me equivoco el segundo libro está escrito por Peter Silsbee (en Estados Unidos sale a la venta esta misma primavera) y el tercero correrá a cargo de Laurie Faria Stolarz, cada uno narrado por un personaje diferente. Siento bastante curiosidad .

10 abr. 2011

Bwitter (38) ¡Cielos, píopíos!

Hoy estoy dulce y en mis calcetines de colores he descubierto cuatro agujeros: por ellos asoman los dedos gordos y los talones. Para rizar el rizo personal, he punkybrewsteado mis orejas: una lleva un pendiente color caramelo con forma de luna y la otra ha preferido un pendiente con forma de sol color azul clarito, como el de las flores que siguen.



Mañana, sí, mañana, ese lápiz terminará el borrador que acabo de guardar. Un texto que habla de un libro rosa chillón y fosforito, de una historia de playa con sol y mar tranquilo. Hasta entonces voy a hacer lo siguiente: dejar un pulmón aquí dentro entre remolinos de humo de purito y sacar el otro fuera, a ventilar, para que respire el frescor de una tarde mustia aunque relajada y llena de píopíos. Mañana también será un gran día porque madrugaré para tachar de mi lista dos recados urgentes y habrá pasado más tiempo desde el número 37, ese en el que me puse tan tristona y me dejé llevar, convirtiendo esto más que nunca en un Diario de Penas... Aun así, por lo que me escribisteis bajo el librito naranja, muchas gracias, letrer@s, fuisteis unos soletes (""-).

9 abr. 2011

Bwitter (37) Alba invisible se vuelve visible, como Amanda

Menos mal que éste que escribo es el Bwitter número 37. Porque no es mi número. Porque lo que muerde y machaca mi cerebro (tan sabio ahora en lo que debía serlo) es desagradable, y por eso jamás querría recordarlo con un número bonito, redondo y divertido como es el treinta y seis.



Inicialmente iba a escribir algo bonito, una reseña del libro que sostienen mis rodillas. Sin embargo, la vida, tan cabrona a veces, ha cogido un palo grande y me ha dado con fuerza en las rodillas, tirándome al suelo y dejándome muda de asombro. Aunque al poco de caer he sangrado un escupitajo, me he limpiado las heridas y me he levantado. Eso es lo que otorga un corazón leal que entiende y se serena entre recuerdos de pálpitos negros aunque nunca inescrutables. Ja, a mí, a la gata que desde niña entra y sale del laberinto.



Y aquí estoy, días después de esta foto. Soy más grande, más mayor, más vieja. Y me vuelvo loca por susurrarle al mundo al oído las palabras mágicas, esas tan horribles, necesariamente de punto y final. Esas que me vuelven cristalina y me devuelven lo que siempre ha sido mío.

5 abr. 2011

Y así es como se vuela en escoba



En mi mente estos chicos de verdad surcaban los cielos... . ¿Alguna vez habéis volado en sueños?

4 abr. 2011

Tres años en Nueva York, de Ana Galán

Tres años no son nada, ¿verdad? Pues Ignacio no opina lo mismo, padres y madres del universo. Menudos tiranos, miren que obligar al chico a dejar su ciudad, su instituto y su amor de toda la vida para llevarlo a Nueva York durante tres años... La hermana encantada, claro, cuanto más lejos del atontado de su ex, mejor. Y más aún si en su nueva casa caben diez como la que tenían en España y puede fardar de una vida de chica cosmopolita ante las envidiosas de sus amigas.

Más o menos así da el pistoletazo de salida el libro de la ovetense Ana Galán, que escribe muy a la española, azuza bien el ritmo, ambienta estupendamente, y entre tópico y tópico se las arregla para entretenernos lo que duran las 252 páginas de Tres años en Nueva York. Que sí, que la historia que se gasta no es especialmente original, no cuenta con una trama de la leche y a veces los personajes rozan el plano más superficial y previsible. Pero la escritora llega a sorprender, habla de realidades (la distancia duele, los amigos no lo serán siempre a pesar de promesas entre lagrimones, el amor caduca, la gente nueva asusta, atreverse merece la pena, los padres son un tostón...), se mete muy bien en el papel de la voz protagonista, Ignacio -que en ocasiones llega a caerme muy mal-, y cuando los americanos hablan ¡lo hacen en inglés! Un detalle que hace ganar a la historia en coherencia y que por el contexto y el parafraseo se entiende a la perfección. Galán también deja entrever críticas veladas hacia la ciudad de Nueva York, no siempre tan espectacular como se pinta, y el pobre conocimiento que en Estados Unidos se tiene sobre cualquier territorio que no pertenezca a su país.

Eso sí, a lo largo de toda la lectura me han molestado dos detalles reseñables.
Primero, la pincelada machista en el pensamiento de Ignacio, sus amigotes y su padre. Chirría, sin duda, y para colmo no existe ningún personaje femenino fuerte o destacable que contrarreste la situación. De hecho, las féminas del libro o son mujeres florero, o se comportan como adolescentes retraídas, o tienen un ego insoportable, o ponen los cuernos a sus novios. El segundo detalle con el que hago gárgaras es esa suerte de homofobia relajada que se gasta el propio protagonista y que nunca llega a corregir. Supongo que esto no es más que una impresión personal, pero ahí queda, dando vueltas dentro de mi cabeza.

3 abr. 2011

Jordi Sierra i Fabra, ese señor que escribe

Descubrí a Jordi en primer curso de ESO, cuando tuve la grandísima suerte de contar con la mejor profesora de Lengua del mundo mundial. Chillaba como el demonio y nos azuzaba con un látigo invisible, pero hizo que bebiéramos parte del catálogo de SM. Nada de ladrillos insoportables, ¡ra, ra, ra! Y fue uno de esos caramelos de la editorial el que mejoró mis horas de esparcimiento, Un hombre con un tenedor en una tierra de sopas, de JSiF.

Hice mío todo lo que encontré del escritor, porque su manera franca de contar y observar curioso la vida conectaron conmigo de una manera bestial. Y desde entonces no paré: en la biblioteca de mi pueblo, pequeña pero matona aunque bien desordenada; y también en la del colegio, tan minúscula y escondida que tardé un tiempo considerable en enterarme de que existía... claro, que yo era la chica nueva y me enfrentaba a un edificio muy grande con un sentido nulo de la orientación.

Hablemos de la amiga que me la descubrió y con la que pasé ahí muchos recreos: de nombre falso "Olivia". En una de nuestras incursiones dimos con La estrella de la mañana, novela también de JSiF; y adolescentes recién estrenadas como éramos, nos convertimos en ridículas magdalenas durante su lectura, taaan romántica, taaan triste y taaan romeojulietera. Nos dejó tiritando de amor y suspirando sueños de chicos que todavía no habían llegado. Y Olivia, más pícara que yo, cometió el primer hurto que he presenciado en mi vida: sin que la bibliotecaria la descubriera y sin dejar constancia en la lista de préstamos, volvió a llevarse a casa La estrella de la mañana, esta vez para no devolverla.

Se trató de una travesura y protesté poco, pero me dio pena que otras niñas como nosotras no fueran a disfrutar de esa historia de escapadas y bailoteos prohibidos. Al cabo de los años el libro ocupó también mi estantería, aunque venía con ticket de compra, porque la única cosa que he robado yo ha sido un cruasán en un área de servicio. Estaba tan dormida que ni me acordé de pagarlo... Qué vida tan emocionante la mía, tan al límite (ロ≦〃).

2 abr. 2011

2 de abril, infantil y juvenil... ¡pasa la gamba!

Hace unos días llegué hasta un artículo de Alfredo Gómez Cerdá en El País: lo había titulado ¡Pásame otra gamba! El escritor reivindicaba la literatura infantil y juvenil (LIJ) con la pasión, el sabor maduro y el conocimiento que otorgan los años; mientras, durante la lectura yo subía y bajaba la cabeza como hacen los gatos Maneki con sus patitas. Pero no es eso lo que quiero rescatar de su texto, sino la historieta con la que arrancaba:

(...) dos peregrinos hacen un alto en el Camino de Santiago para comer. De repente, uno le pregunta al otro: "¿Crees en la existencia de Dios?". El compañero, como si tal cosa, responde: "Pásame otra gamba". Cuando hablo de literatura infantil y juvenil (LIJ) siento en muchas ocasiones unas ganas enormes de repetir esa frase. ¡Pásame otra gamba! ¿Es la LIJ una literatura "de segunda"? ¡Pásame otra gamba! ¿Tiene menos calidad literaria que la "de adultos"? ¡Pásame otra gamba! "

[ARTÍCULO, DIBUJO]

Después de ver a las chicas de Sexo en Nueva York dándose una vuelta por una grandisísisima librería (>m<)... Me apunto. Mundo, hoy y mañana pregúntame lo que quieras, que yo paso la gamba. ¡Pásame otra gamba! Ay, qué contenida soy.

Feliz 2 de abril, Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo y Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil.

1 abr. 2011

Berta Mir detective I: El caso del falso accidente, de Jordi Sierra i Fabra

Mi último bocado a las letras de Jordi ha sido el primer caso de Berta Mir, nueva protagonista serial del autor. La chica se conoce la ciudad de Barcelona al dedillo, tiene aspiraciones musicales, se le da bien jugar a detectives y tontear con los chicos, y es bastante espabilada, por no decir tan superdotada como Joa, la hija de una tormenta. Una protagonista cien por cien I Fabra, cosa buena, aunque la acompaña una trama poco original y algo deslucida que hubiera necesitado un poquito más de reposo y color.

Todo arranca con un crimen: alguien ha querido matar al padre de Berta y, aunque le ha salido el tiro por la culata, lo ha dejado paralítico de arriba abajo. Un panorama desalentador para cualquier post-adolescente que se convierte de pronto en cabeza de familia. Pero todo hay que admitirlo: Berta no es cualquier chica, así que se calza los zapatos de suela de goma y se lanza a la calle a investigar la tormenta. Huelga decir que como buena hija de detective localizará todas las pistas y averiguará lo ocurrido en un tiempo récord.

¿Probaré pronto el segundo libro de la serie, El caso del loro que hablaba demasiado? No lo sé, porque a pesar de que generalmente disfruto con I Fabra, Mir no ha acabado de calarme hondo. Su historia es rápida, amena y sencilla, consigue lo que persigue y está bien escrita, pero no va más allá; se queda en un estado de "novela correcta a secas", a veces previsible y con unos personajes de lo más planos. Eso sí, reconozco que el desenlace se resuelve con un giro que augura cosas interesantes para ese segundo volumen, probablemente el verdadero contenido del continente (川・-・川).