25 ago. 2010


Después de unos días nadando entre peces como esos dos y muy pocas horas de lectura... sigo de vacaciones
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16 ago. 2010

Oh, vosotros, posts que nunca-nunca veréis la luz

Sé cuántos sois y cuántos habéis sido, el cariño que os he prodigado y las dudas con dedo índice en los labios que me habéis causado, pero no sé dos cosas: 1) cuántos llegaréis a ser de aquí hasta el infinito y más allá (casi nunca esta expresión ha estado más de moda, supongo), y 2) cuántos de vosotros sobreviviréis en la carpeta de borradores sin sufrir el hacha celeste de Suprimir... Porque se os coge cariño, es inevitable,  valgan vuestras letras uno, dos o tres pimientos (esta bloguera es así de sentimental).

Texto en borradores que vale un número incierto de pimientos:

(...)
el que la mima, la adora y le da besitos, y que cuando descubre los patadones alza los brazos, las manos y todos los dedos al cielo con expresión de profundo dolor, cejas fruncidísimas y boca en O estilo Munch.

Bloguer@s del gremio: ¿os ocurre? ¿Borráis sin borrar y guardáis por un tiempo?, ¿cuántos posts habéis llegado a acumular en borradores?, ¿y cuántas veces habéis aplicado eso de Suprimir, Suprimir y Suprimir por puro agotamiento mental, o Publicar entrada después de mucho repensar, reestructurar y reescribir (◡‿◡.)?

(mañana, reseña; de vez en cuando, seguir toqueteando el diseño; ahora, dormir el sol)

13 ago. 2010

Cling (mira en la bandeja de entrada): nuevo mensaje recibido

15 de enero
Asunto: Baja
Querría anular mi suscripción. ¿Es posible hacerlo por esta vía?
Un cordial saludo,
E. Rothner

18 días después
Asunto: Baja
Quiero anular mi suscripción. ¿Es posible por correo electrónico? Les ruego me envíen una breve respuesta.
Un cordial saludo,
E. Rothner

33 días después
Asunto: Baja
Distinguidos señores de la editorial Like:
Si la finalidad de su insistencia en pasar por alto mis intentos de retirar una suscripción es vender más números de su producto, cuya calidad no cesa por desgracia de bajar, lamento comunicarles que no pienso seguir pagando.
Un cordial saludo,
E. Rothner

(hasta la próxima reseña)

Sin ánimo de atacarnos de los nervios... ESTO (y más) es lo que se aproxima. ¿"Gulp" elevado a la máxima potencia?


(yo sigo maquillando el nuevo diseño...)

12 ago. 2010

10 ago. 2010

Cuarteto de cuerda I: Sonata de amor, Blanca Álvarez


TOTAL:
Escritura:
Historia:
Personajes:
Ritmo:
Nivel de :


Érase una tarde una chica de taitantos con mono lector que echaba de menos las cuerdas, las llaves, los atriles, las sordinas y el papel pautado. Un día de verano, cuando hacía poco y paseaba demasiado, subió a la última planta de un sitio grande, la de los libros muy poco ordenados: caminó de un estante a otro, mareó a una señora, echó mano de su cómplice y por fin encontró un libro que, creía, podía estar hecho a su medida. No fue así, no del todo, salvo por el buen regusto del desenlace (◡‿◡.).

Recordé el libro que me pasó Carla, esa misma noche me lo leería, con calma, tratando de descifrar cada frase, hasta hacerla parte de mí. Así decía Galiana que se aprendía música. Imagino que todo lo importante se aprende así: digiriéndolo hasta que corra por las venas.

Cloe sonrió, se levantó a por su chelo y nos colocamos, como pudimos en el salón. Me acerqué al oído de Carla.

–Lo siento.
–No pasa nada… Mi madre también esconde una historia.

Me había metido en un grupo lleno de secretos, pasiones y morbo. Un trío de chicas no solo monas, también con tarro y un culturón sin chulerías… ¡Y monas! ¡Ni comparación con la pandilla de Julio!

Oviedo, hoy, sueños adolescentes y música clásica, buenos tiempos, otros perdidos, un misterio sólo ligero, prisas con calma y pieza de un cuarteto que roza los dieciocho y quiere comerse el mundo. Así suenan Carmen, Carla, Cloe y Celia: cuatro terceras letras de nuestro alfabeto que tocan, por orden, violín, violín, chelo y viola.
La primera es una española de pura cepa, segura de sí misma aunque no lo sepa, con piernas que no enseña, una hermana que sabe mucho de chicos, una madre apocada y un típico padre de familia. Se llama Carmen, es violín, se queja porque su vida es un no parar, nada para descargarse, compagina el tiempo que no tiene con un novio que tampoco es para echar cohetes y necesita pasta, que espera conseguir con un grupo de música que espera montar.

Espera mucho esta chica, pero es constante, insistente y aplicada, así que le saldrá bien, pues conocerá a las otras ces: primero un anuncio en el conservatorio, luego un par de llamadas, después una reunión informal y al final la guinda, un cuarteto que promete.
La otra violín es tímida (sólo en apariencia) y también maneja sus propios problemas, aparte de una madre que es una diosa entre las diosas; difícil estar a la altura. El chelo es elegancia, misterio, sutileza y exotismo; viene de Francia y persigue el final de una leyenda. Y Celia, ah, Celia… Sencillamente hermosa, la más prepotente de todas, inteligente, la que menos calla y más ladra, y la que dirige al resto a pesar de Carmen y suaviza la fiebre de Cloe por ese misterio: el último secreto de Glenn Glondelier, un músico de hace mucho que dirigirá la trama de esta Sonata de amor.


Fui, vi, me llevé, guardé y leí: todo eso no en un tiempo récord, porque cuando estoy de vacaciones me tumbo a la bartola y el tiempo se me escapa como si fuera arena entre los dedos. Leí sobre la piedra, la hierba y el agua; lo hice sentada, de medio lado, tumbada y cerré las páginas mientras estaba de pie.

Durante, refunfuñé mucho, pues la protagonista me caía mal ( ̄_ ̄), a las demás sólo pude conocerlas de manera superficial, la jerga utilizada era exageradamente juvenil o provincial (sigo sin descifrar el significado de algún palabro), los capítulos de Glenn eran una enciclopedia de pedantería muy cansina, las erratas y faltas de ortografía llegaron a convertirse en algo grave y habitual, y el ombliguismo elitista-aislacionista que compartía el cuarteto de féminas me sacaba (y me saca todavía) de mis casillas.
Muchos detalles de mal sabor de boca de los que me deshice poco a poco, pero que de vez en cuando se hicieron rápido a un lado: la autora sabía hablar de realidades, rincones y vidas adolescentes de una forma muy española, muy de aquí y muy de siempre; tocó música y lo hizo bien; perfiló cuatro personajes de los que terminé encariñándome, y me despedí de ella con una sonrisa de “de acuerdo, trato hecho, leeré la segunda sonata”. Y lo haré: sé en qué balda de la librería está escondido ese Capricho 24 .

9 ago. 2010

Muy sucintamente tras los puntos suspensivos

¿Para quedarme? Claro. ¿Por mucho tiempo? Desde luego. ¿Seguro que desde ya? Que sí, aunque me retiraré a la cala salada de La Tienda de las Horas casi una semana a partir de dentro de poco. ¿Entonces? Entonces vuelvo, hago ruido, ordeno cosas, pongo a punto lo que inventé, rumié y maquiné con tanto esmero, e insuflo aire del fresco, del que huele bien. ¿Así que hasta pronto? Hasta antes, incluso.

(más o menos sucintamente )