30 abr. 2010

La niñera, Melissa Nathan: Jo March Poppins



TOTAL:
Escritura:
Historia:
Personajes:
Ritmo:
Nivel de :



Con mis emociones bailando al ritmo de una ola furiosa, necesitaba leer algo relajante, amable, divertido y coqueto: no pedía nada, lo sé… Sin embargo, se ve que a la diosa de las letras le di algo de lástima, porque acerté al sacar La niñera de mi estantería.

Y después de eso, la noche no hizo más que mejorar. A decir verdad, cuando Jo regresó a casa y se cayó encima del triciclo de Barbie de Tallulah en lo más oscuro del pasillo, ese fue sin lugar a dudas uno de los acontecimientos más desternillantes que le habían sucedido en toda su vida. Y luego, cuando intentó levantarse pero volvió a caerse y aterrizó encima de la rodilla porque el tacón se le había quedado enganchado en la rueda, pensó que se iba a asfixiar de tanto reírse.

Diez minutos más tarde llegó a gatas hasta la cocina, exhausta. Tenía que lavarse la rodilla. Fácil. Se subió a la encimera de la cocina, abrió el grifo empapándose en el proceso y entonces se puso a cuatro patas encima del fregadero y metió la rodilla dentro. Le entró hipo mientras el pelo le caía en cascada por delante de la cara y se introducía en el fregadero.

Jo tiene 23 años, vive en un pueblecito inglés bastante mono y ya se considera toda una adulta.
Sueña con ser muchas cosas, pero de momento es niñera a tiempo completo y así está bien, sin pájaros en la cabeza; vive con sus padres, pero aportando su granito de arena económico, porque ya es una chica responsable y se deja de tonterías; tiene un novio guapo y formal desde hace mil lunas, aunque no sabe qué hacer con él salvo decirle que no, no y no, que todavía no desea casarse con él; y su mejor amiga es una narcisa de campeonato.
A Jo, como a la mujercita más rebelde de las March, el mundo se le ha quedado algo pequeño y necesita urgentemente un cambio… Y el cambio, tan avispado siempre, la encuentra.

A varios cientos de kilómetros, en Londres concretamente, hay una familia que necesita desesperadamente una nueva y eficaz Mary Poppins: tres niños pequeños, una madre trabajadora, un padre supuestamente trabajador, dos gatos que piensan, una abuela que molesta, dos hermanastros poco amigos de crear un buen clima familiar… Un cuadro que para ser perfecto sólo necesita que alguien tome un pincel y pinte a Jo en el jardín de atrás.
Nuestra no-March irá a Londres a convertirse en una versión mejorada de sí misma, llorará por lo que ha dejado y por lo que va a encontrarla, hará unas cuantas buenas amigas de esas con las que se puede hablar de todo y de nada, la llamarán una cosa muy fea sin que ella tenga la culpa de nada, conocerá al mayor de los hermanastros de los niños a los que cuida, decidirá el rumbo de su vida y, que sí, que sí, caerá rendida ante ese hermanastro en cuestión .


Divertido. Incluso emocionante.
Fresco. Y divertido otra vez.
Tal vez con demasiada palabra cuando no hace falta y demasiada descripción cuando con un vistazo es suficiente, pero por lo demás, la señorita Melissa Nathan ha sido un grato descubrimiento.

La niñera me ha sentado de maravilla: no pretendo sonar cursi, pero es lo que hay. Necesitaba un libro que liberase un nudo y he tenido suerte, porque Nathan te acaricia, te engatusa, te acompaña hasta el sofá y no te deja marchar hasta que te has comido todo el capítulo como una buena nena [≧ڡ≦].
Además, y punto importante para la que escribe, los niños de Nathan son inteligentes: con un título tan obvio, en la historia salen niños por activa y por pasiva… y gracias a los cielos, se trata de niños listos y sorprendentes, no de esos ñoños, repelentes e insufribles que tanto-tanto-tanto gustan a muchísimas autoras.

Así las cosas y así las horas que son: por ese trío de sorpresas, por Jo, por EL hermanastro y por todo un poco (no os he contado de la misa, la mitad), La niñera ha sido una buena compañera; tanto, que me ha dejado con ganas de más y ya tengo en mis ansiosas manos La camarera, otro bocadito de Nathan.

27 abr. 2010

Bwitter (8) Crónica (x) Premios SM: aquel día

Pasen y vean (y lean y crean), caminantes de las letras:

Con un retraso monumental que algunos han tenido a bien recordarme , por fin la letrera –o sea, yo, pero me apetece hablar en tercera– publica su particular crónica de un día de hace muchos: los Premios SM.


Comienza la aventura como siempre que toca un viaje flash de mediodía: te despiertas, gruñes porque has dormido menos que nada, pasas bajo el chorro de la alcachofa plateada para espabilar lo justo, te vistes con algo mono que sabiamente has dejado preparado hace unas horas, terminas un par de cosas de las urgentes, te embarga la indecisión de última hora con respecto a QUÉ LLEVO (¿estos zapatos o aquellos?, ¿seguro que el pañuelo de flores?, ¿un libro gordo o algo finito estilo Nothomb?), coges El Bolso Grande de Petete (aquel en el que guardaba El Libro Gordo) y te deslizas hasta donde duermen los trenes.

Estás en el tren. Comodísimo (>ω<). No hay color con el autobús, que tarda el doble y juega a retrasarse de una a dos horas. El bendito tren siempre llega puntual y es cómodo, limpio y tranquilo. Sin agobios. Y encima me tocan dos asientos: uno para mí y otro para El Bolso Grande de Petete: ¡viva, menudos nosotros!
Ponen película, pero me aburre, así que sigo leyendo algo que el pez que gobierna mi memoria ha clasificado como Secreto de Estado… Vale, mentira, simplemente no lo recuerdo. De hecho, creo que llegué a ver la película… OMG.

Y la película se acaba (¿la vi?, ¿no lo hice? Dios bendito) y el tren aminora la marcha: hemos llegado; para más INRI, adelantados (ni en La Tienda de las Horas, caramba).
El Bolso Grande de Petete, mi música cerebral, mis manoletinas bailarinas (redundo, pero hace bonito) y yo nos apeamos del Gran Carro Sin Ruedas: nuestra meta es la selva de Atocha, porque ahí dos amables señoritas nos esperan.
Por una vez y sin que sirva de precedente, más o menos me oriento a la primera y aparezco en ese Amazonas español. Me paseo de arriba abajo y de repente suenan dos hola’s muy simpáticos: un par de besos a cada una, sonrisas, desaparecen esos nervios tontos… Ellas son Nerea y Marta (aka, Lether Ireth), un par de soles (-ω-).

Y como tres no son multitud, decimos au revoir a esa selva ordenada, salimos a una inmensa calle de un día bastante soleado (aunque fresquito) y nos vamos a por el resto del grupo.
Y es ahora cuando vuelvo a perderme (mentalmente): creo que quedamos en Callao… Pero no me hagáis caso. Menuda niebla mental: eso me pasa por postergar tanto estas cosas…

Breve salto en el tiempo.
En alguna plaza de la capital
TACHÁN, el grupo se junta y nos abrazamos y besuqueamos: lo propio entre juventud que se ve de ciento a mil y se encariña con lo que cuentan sus letras. Ahí estamos el trío del principio y unos cuantos templarios de la zona: Carlota, Ruescas, Cronista y Keko. Menuda estampa, y eso que todavía no vamos de tiros largos.
Y ya que es hora de llenar el buche (esta noche estoy sembrada…), nos vamos a buscar un lugar en el que me toca pedir algo verde: lo que hicimos, dijimos y dejamos de hacer y decir durante esa comida sí que es Secreto de Estado, de manera que saltemos de nuevo en el tiempo.

Al cabo de un algo.
Por las calles de Madrid.
Casa del Libro, la grande, la de las muchas e impresionantes plantas: ahí hacemos tiempo paseando entre páginas, satisfaciendo nuestra infinita curiosidad, yo comprándome un Cherub que todavía no he leído (shhhhh…) y esperando a un torbellino del sur, de nombre Leara: menuda ella, enseguida estamos como peces en el agua y más a gusto que unos arbustos… Pues eso. Y nos vamos a un flamante Starbucks en el que unos piden café y yo pretendo beber un zumo de naranja recién exprimido.
Mi gozo en un pozo: NO hay naranjas ಥ﹏ಥ.

Sin naranjas y a lo loco.
Por más calles de Madrid, esta vez en pareja: ¡tiembla, sentido de la orientación!
Llega la hora de pintarrajearse y ponernos estupend@s; y también llega la hora de chocar palmas con un par que se retira ya… Besos.
Los demás seguimos con la fiesta y nos distribuimos en esta, esa y aquella casa: Leara y yo, las únicas “extranjeras”, nos aventuramos solas por la ciudad… Nos perdemos, lógicamente. Aunque después de marear a unos cuantos habitantes que dicen A, luego B, de nuevo A y por fin J (el salto en el abecedario es intencionado), volvemos al buen camino.

Todos juntitos, alegres cantamos… Reminiscencias de mi infancia, ¡calla, pez!
Nos reagrupamos en el punto de reunión: de punta en blanco con americanas unos y vestidos otras, avanzamos hacia el gran edificio donde se celebraban los Premios SM (en realidad, se llaman todo esto: 32ª Edición de los Premios de Literatura Infantil y Juvenil El Barco de Vapor y Gran Angular).

El lugar es IMPRESIONANTE: un edificio magnífico que huele a viejo y sabe también a nuevo, hay muchas luces sabiamente dispuestas, la piedra reluce, me recuerda a un castillo de un verano, pululan escritores amados y personalidades varias que no me impresionan tanto como los primeros, tengo los nervios a flor de piel y mi florido chal no tiene la capacidad de calmar ese espantoso tiritar, echamos fotos que bailan entre lo decente y la anti-fotogenia personal más absoluta, damos vueltas, entregamos abrigos, hago esperar, seguimos dando vueltas y, por fin, nos sentamos.
Empieza la fiesta.

Silencio… 3, 2, 1.
¡Bienvenidos!, dicen.
Con una ceremonia liderada en la ficción por una pareja de la radio que se esforzó por hacer gracioso un guión que NO lo era, la cosa fluyó, y el público con la cosa y la cosa con todas y todos.
Fotos y flashes, discursos eternos, una hoja que debió de perderse, aplausos formales y educados… Y aplausos y vítores, y una multitud enfebrecida: los escritores, que eran los que contaban, por fin se paseaban por el escenario recogiendo, saludando, agradeciendo, sonriendo y bromeando.
La estrella, sin duda, Jordi Sierra i Fabra: un hombre al que le dije poco más que un triste hola, encantada… pero al que mentalmente le contaba la de libros suyos que había leído de niña y los maravillosos compañeros de vida que habían sido muchos de sus personajes.
Menuda yo: boba sin remedio (-_-メ.


Antes de seguir, permitid que me plagie a mí misma en un esquema: esto que sigue es parte de la mini-crónica que escribí al día siguiente de esa jornada. Me copipasteo porque me gusta cómo os hablé del cuarteto de ganadores:
  • María Bellido Vargas, ganadora del concurso Microrrelatos SMs con una bonita mini-historia de arbolibros, Otoño.
  • Lorena Moreno, jovencísima ganadora del Premio Literario Jordi Sierra i Fabra para Jóvenes: de blanco y negro, valiente, muy simpática con todos y creadora de Las redes del infierno.
  • Ricardo Gómez, Premio Gran Angular: el primer gran premiado de la noche y amparado por un pseudónimo histórico vestido del amor del que habla en su novela, Mujer mirando al mar.
  • Jordi Sierra i Fabra, Premio El Barco de Vapor: el segundo gran premiado de la noche gracias a Historia de un segundo y con quien más aplaudimos los más jóvenes de allí, porque, ¿quién no ha crecido leyendo a este contador de historias ?
(terminado el inciso, os contaré qué fue del resto de la noche)

Movimiento de traseros antes pegados a unas sillas (me siento algo Quevedo…), focos de aquí que se enfrían y otros más allá que se encienden a todo gas, solícitos camareros que aparecen de la nada, mucha comida que no pruebo porque una vez vio, vueltas y más vueltas y más vueltas, muchisísisisisimos escritores, una flash-entrevista templaria a Ricardo Gómez –muy majo, muy bohemio–, muchas palabras en el aire y otras pegadas al suelo, bandas con letras con las que he hecho un vlog que da vergüenza ajena y que se autodestruirá en cuanto publique esta suerte de crónica, charlitas breves con escritores y gente conocida, besos a unas cuantas mejillas, una conversación medio-decente con David Lozano –otro sol de hombre–, manoletinas rojas y flores de colores, gafas verdes para distinguir al personal, cae la noche, cócteles color cereza aptos para todas las edades, fruta cortada y fuentes de chocolate.

Ah, las fuentes de chocolate [≧ڡ≦].
Carlota les puso ojitos y le seguí cual cordera.
Esa fue toda la resistencia que opuse, y es que el chocolate es el chocolate: más si fluye y más aún si lo hace de unas fuentes monísimas rodeadas de bandejas de fruta fresca cortada en trocitos… Fresas, plátanos y tal vez kiwis y naranjas.
Ese fue el postre: el nuestro y el de la gala, porque era martes-casi-miércoles y las campanas ya tocaban por el punto y final. Sin embargo, nosotr@s no escuchamos esos tañidos silenciosos: recogimos los abrigos, nos llevamos bandas al azar y bolsitas de recuerdo y salimos al frío de la calle, directos a algún bar donde tomar algo y, de paso, hacer tiempo hasta ese viaje de vuelta.

Nuestros pies, cansados de patear calles de arriba abajo, conocer a nuevos pies y avistar el colorido atuendo de Bimba Bosé, agradecieron ese ratito de relax… No así nuestros traseros quevedescos, porque caímos en un bar con pufs no aptos para piernas con vestidos.
Sin embargo…
A pesar de los malabarismos pertinentes, de que Leara opinara que ese tenía toda la pinta de ser un bar porno (xDDD) y de que un par de templarios se ganase una oscura promesa que cumplí, ese parón sin tiempo es digno de repetirse (incluido un vídeo que también tendrá que autodestruirse en breves momentos: lo que se dice en la noche, se queda en la noche…).

Y así, fluimos después con la brisa nocturna y lanzamos besos y palabras bonitas al viento: tocaba decir hasta luego.

Como siempre, un gran placer, tod@s (◡‿◡.).

26 abr. 2010

Receta de hoy: pinchar la fruta, acercarla a la fuente y untar en chocolate

Ahora vuelo, pero a la vuelta...
A ver quién adivina qué toca (◡‿◡.).

25 abr. 2010

A través del espejo, de las gafas y del sombrero

Hoy soy la reina del drama (>ω<) y tengo ya en el horno un par de posts decentes, por lo que ahora me comportaré, seré parca en palabras y me limitaré a refunfuñar un ARF de esos que se suspiran cuando algo te decepciona.

Una de las razones por las que he visto la nueva Alicia en el País de las Maravillas (◡‿◡.):

Razones por las que no debería haberlo hecho:
  • El guión, ESE guión: tan fácil, tan evidente, tan lento, tan sin sal.
  • Y el final, ESE final: qué manía con separar a la gente al terminar el cuento. ¿Dónde está la gracia de decir hasta siempre y por qué se supone que debe complacerme que una marche a la aventura y otro se quede atrás con ojitos tristes?

Si habéis visto Alicia... ¿No esperabais algo más del genio que, se supone, es el señor Tim Burton? ¿No se os encogió el corazón ni un poquito durante los últimos minutos?
No me gustan los finales Peter Pan.
TSK.

23 abr. 2010

Bwitter (7) Felices días entre libros, tazas y amapolas

Hace unas horas el mundo despedía el Día de la Tierra: lo he celebrado con un largo paseo, la primera mariposa, plic-plic-plic's de gotas de lluvia en mis brazos, recuerdos de hace muchos años, un cielo limpio que he querido que oliese a montaña, pájaros entre cortinas y el roce de algo importante.

Y hoy es el Día del Libro: voy a celebrarlo durmiendo, despertando, corriendo por la ladera para no llegar tarde, afinando una voz que sigue siendo ronca, engullendo caramelos que saben a piedra con tierra, durmiendo bajo el cielo aunque llueva, descansando con un libro bajo la oreja, escuchando la música que ayer era yo, palpitando el corazón por lo extraño, riendo y filosofando, volviendo y leyendo en cuanto vea la primera estrella.

22 abr. 2010

Portadista ¿Profesional? (38) Pétalos de rosas, drama, caretas y garganta profunda

Ojo y medio, como siempre a mitad de semana; garganta que rasga la voz y a la que hay que hacer el cura-cura-saaana, algo de música de cuerda negra para ambientar la noche y una Portadista...

Porque las cubiertas se me acumulan y la sección nos echaba de menos. Eso sí, como es tradición seré parca en palabras: tengo el cerebro perezoso y ni siquiera una larga siesta en la Tienda de las Horas ha logrado espabilarlo.
Menudo ÉL
.


Pétalos, pétalos, pétalos y una rosa en el pelo. ¿Sabríais decirme otra portada con pétalos rosas? Sepáis o no y a pesar de que los fondos negros ya cansan: qué portada tan preciosa.

De todas las covers españolas de la serie de Gray, creo que me quedo con esta. ¿Estarán los pétalos en relieve? ¿Olerán a jardines inmensos, sabrán a rocío y tocarlos será como acariciar el campo?


Cuarteto de portadas a las que encasillo así: Estilo-Doble.
Unas más animadas que otras, más curiosas, simpáticas o conseguidas... Pero, al final, el Estilo-Doble impera, sobre todo en las dos primeras, que bien podrían ser clones de no ser por la imagen que las adorna.

¿La chica con toda la sangre en la cabeza no os suena a alguna portada Austeniana? Porque a mí sí, pero el maldito-maldito de mi cerebro perezoso se niega a acudir a OMGoogle e indagar...
(este libro me INTRIGA)

Una novelita por la que siento bastante curiosidad, nada más...

¿Dos lados de un espejo, a lo Mr. Carroll? ¿Hermanas lejanas? ¿El cuerpo de una y la sombra de otra? Preguntas tontas para un cerebro tonto .


Vamos a jugar a inventar el aire... Y vamos a jugar a capturar portadas que se parecen. Porque jugar a contar mentiras no me apetece.

¿Ganará el ME QUIERE o el NO ME QUIERE?


Ella, él, ellos, ambos, los dos, él, ella, ninguno, nadie...

Otro par de álguienes también muy conocidos: dos estudiantes de una Academia que a much@s nos trae de cabeza. Bienvenid@s a St. Vladimir, donde el corazón se acelera, los chicos malos se multiplican y las chicas son guerreras, uh ah, las chicas son guerreras, uh ah θωθ...


Hielo que se rompe. Está frío y seco y se escucha un ruido sordo y limpio cuando cae y los trozos chocan unos contra otros. Qué dramático todo.

Esta portada es la lógica consecuencia de la anterior: el hielo ahora es lluvia y el drama continúa porque los amantes se besan a oscuras y separados por dos mundos muy celosos de sí mismos.


Sumad uno más uno y os dará dos. Luego tres, pero eso es ya un cantar que dejaremos para otro día menos absurdo.

¿Veis, veis, veis? Clones perfectos, aunque a la chica de Ehrenhaft la han coloreado como un pastelito y no tiene pinta de poseer un factor biótico diferente...

La portada que corona el trío. Por la posición de ella, la admitimos en el club, aunque le sobra el chico de negro de ceño fruncido. ¿Eso de la mejilla es un beso o un golpe? Será el malote del insti, como si lo viera...


¿No es hermoso? Además de otros muchos adjetivos que no diré >///<
(quiero esas medias, Paquinn)
(espero que el rubio sea el vampiro vikingo... )

Hace unos días ya adjetivé esta imagen y vosotr@s hicisteis lo propio. ¿Verdad que una y otra se dan un aire?


Y terminamos con dos portadas de una misma autora: saben a mañana de vacaciones... Aunque son demasiado parecidas.

Aquí la señorita que dio vida a la protagonista de una de las posdatas más conocidas. Serán primas. Esa es mi teoría. Si no os gusta, siempre podemos contemplar más opciones (◡‿◡.).


LLUEVE

20 abr. 2010

Bajo las estrellas que sólo salen de noche y en compañía del silencio...

... se escucha el limpio chirrido de una vieja puerta escondida en un bosque en el que siempre hace sol: bienvenid@s al decimoquinto número de El Templo de las Mil Puertas.


Reseñas a tutiplén para quienes no estáis seguros de si sí o si no, reportajes laaargos, fresquitos y variados, recomendaciones, dos grandes entrevistas para dos grandes entrevistad@s, una foto muy mona de un día que os sonará a much@s, criaturas de muchos mundos, una primicia preciosa y... Más, mucho-mucho-mucho más.

> clic aquí para pasar sin llamar, la nueva Puerta ya está abierta (◡‿◡.).

19 abr. 2010

En EXCLUSIVA: cruzad el portal que va hacia atrás y marchad a Ithirïe

Nemhiries de este mundo, Bella Gente del otro:

Letras y Escenas tiene el placer de presentar en EXCLUSIVA el primer capítulo de Laila Winter y la maldición de Ithirïe, el impresionante comienzo del tercer libro de Laila Winter (tetralogía de Bárbara G. Rivero).

Pinchad aquí para leer y/o descargar el capítulo (◡‿◡.). 
Paciencia, letrer@s, pues los ithirïes no se harán mucho de rogar (>ω<)... 
(¿cuántas veces se puede repetir una palabra?)

18 abr. 2010

Bwitter (6) Más sobre flores, besos y voces de madera

Ayer supe muchas cosas: cosas que aprendí el día anterior y cosas que descubrí al siguiente.

Como que un pelirrojo con la ceja partida podía ser interesante, como que pensar sinsentidos en voz alta no es un caso tan aislado, como que hay que escuchar música de voces de madera con auriculares y haciendo chirriar los oídos por culpa del volumen, como que posar un corazón de mentira en una flor a veces parece bonito, como que un libro da para mucho-muchísimo, como que me confundí y descubrí un falso pervertido y como que equivocarse y hacerlo en compañía da lugar a guiños y risas que no se cansan de jugar, como que hace calor y de vez en cuando se me hielan los pies, como que por alguna razón estúpida me pongo más pijamas de los que tengo cuando en realidad querría tener más camisones de los que podría vestir, como que lo más dulce es aquello que te quiere, como que te busquen y te llamen hace que te sientas contenta, como que de vez en cuando el pelo crece lentamente por mucho que le aliente a darse prisa, como que me gusta llevar una flor en el vestido y otra en la solapa del bolso, como que la ceniza del último volcán ha hecho que muchos se quejen de pereza y tontería sin pensar en las criaturas que de verdad sufren el desastre cuando salen a pastar y respirar un aire que debería ser limpio, como que mañana alguien volverá en ferry después de muchos días sin saber, como que me he perdido una aventura y necesito vivir otra en lugar de esa, como que algunos han descubierto quién es ÉL y otros no se acercan ni remotamente a adivinarlo, como que La Tienda de las Horas ahora tiene un pasadizo fresquito en el que perderse, como que ayer soñé uno de esos sueños deliciosos y perfectos y desperté sin despedirme del último beso, y como que después me tumbé bajo el cielo y logré rescatar hilos de esa noche para volver a marcharme segundos después sin poder despedirme de nuevo ( - ω -.).

17 abr. 2010

Los Juegos del Hambre, Suzanne Collins... Gale y Peeta, y Peeta y Gale

TOTAL:
Escritura:
Historia:
Personajes:
Ritmo:
Nivel de :
Perv-rating:


Esta es la historia de una chica que adoró un libro, vio volar un sinsajo, silbó una canción, regaló horas sin pasar hambre, postergó una reseña, lloró por dos niñas, dividió en dos su corazón y se lo entregó a un tercero que murió.

Tiene que haber un error, esto no puede estar pasando. ¡Prim sólo tenía un boleto entre miles! Sus posibilidades de salir elegida eran tan remotas que ni siquiera me había molestado en preocuparme por ella. ¿Acaso no había hecho todo lo posible? ¿No había cogido yo las teselas y le había impedido hacer lo mismo? La suerte estaba de su parte, del todo, pero no había servido para nada.

En algún punto lejano oigo a la multitud murmurar con tristeza, como hace siempre que sale elegido un chico de doce años; a nadie le parece justo. Entonces la veo, con la cara pálida, dando pasitos hacia el escenario, pasando a mi lado, y veo que la blusa se le ha vuelto a salir de la falda por detrás. Es ese detalle, la blusa que forma una colita de pato, lo que me hace volver a la realidad.

–¡Prim! –El grito estrangulado me sale de la garganta y los músculos vuelven a reaccionar–. ¡Prim!

No me hace falta apartar a la gente, porque los otros chicos me abren paso de inmediato y crean un pasillo directo al escenario. Llego a ella justo cuando está a punto de subir los escalones y la empujo detrás de mí.

–¡Me presento voluntaria! –grito con voz ahogada–. ¡Me presento voluntaria como tributo!


Nuestro futuro tras un pasado devastador, un trozo de tierra muy pequeño (más allá, tal vez el fin del mundo) y doce distritos con una capital… o El Ojo que todo lo ve: El Capitolio.
Doce distritos sometidos al yugo del Ojo, que para aplastar guerras pasadas y eliminar el germen de la rebelión eligió un castigo ejemplar: borrar del mapa el décimo tercer distrito, hoy un mito, una leyenda sólo susurrada por los pájaros, una amenaza de lo que podría ocurrirle a cualquier distrito con ganas de salirse del camino bien trazado.
Pero exterminar a todos los habitantes de ese distrito fantasma y convertirlo en tierra yerma no parecía suficiente castigo: el Capitolio, auto-erigido sabio y paternal jefe y señor, llegó a la conclusión de que alimentar el miedo era su mejor arma, y así nacieron Los Juegos del Hambre, unos juegos humanos hechos para temer y ser temidos, matar, llorar, resignarse y rendirse sin luchar.

Los Juegos del Hambre es un Gran Hermano de dimensiones épicas, orígenes siniestros, ojos ciegos, final sangriento, niños y adolescentes sin destino, y halo opresor; es un espectáculo que venera la violencia, la trampa, la muerte, la diversión macabra y el castigo a la revolución; y es una forma de vida obligada, televisada en todos los rincones, teñida de sangre joven, un juego infame al que te enfrentas y mueres, una ley escrita sin vacíos legales y una película de verdad que cuenta la cruda realidad de un mundo a merced de unos pocos.

Todos los años se celebran Los Juegos del Hambre y todos los años mueren 23 jóvenes, ya sean niños o adolescentes: no importa, porque son tributos, ofrendas obligadas, carnaza inútil. Sólo sirven para darle de comer al miedo, entretener el ego de la gente del Capitolio, aterrar a cada criatura viviente de casi todos los distritos y matarse entre ellos… Porque sólo puede quedar uno, el tributo número 24.
El día de la Cosecha todos los distritos se reúnen, pues en cada uno de los doce va a cantarse la pareja que participará en Los Juegos: cuando ocurre, las madres lloran, los hermanos dejan de respirar, los vecinos suspiran aliviados, los enamorados saben que deben despedirse hasta otra vida y la gente del Capitolio se frota las manos con un entusiasmo desquiciado.
Esta vez la chica elegida del distrito 12 es Prim, la pequeña Prim, sin ninguna posibilidad de sobrevivir a Los Juegos: su hermana Katniss lo sabe y grita rápido al viento que ella tomará su lugar, conmocionando a todos, sobre todo a Gale, el compañero de aventuras de Katniss, que la llama Catnipp con cariño y se lleva a Prim de allí para que su hermana no se derrumbe. Desde ese instante las cámaras ya graban. Y lo harán hasta su último aliento en Los Juegos del Hambre.

Valiente, generosa, amante, cabezota, fría, distante, rebelde, inteligente, aguda, práctica, habilidosa Katniss es una sucesión interminable de adjetivos. Lo mismo que Gale, el chico al otro lado de la pantalla con el que conectaremos gracias a los tantísimos flashbacks de la chica del sinsajo durante Los Juegos. E igual que Peeta, el chico elegido del distrito 12, el compañero de Katniss en ese juego de muerte, hijo de panadero, calmado, siempre protector, muy perspicaz y, probablemente, enamorado de su mayor enemiga.


Podría convertir esta reseña en la más larga de mi historia, pero probablemente terminaría repitiéndome y emocionándome sola más de lo debido, desvelaría detalles que algunos no apreciarían, contaría teorías que prefiero guardar para conversaciones muy frikis, os presentaría a personajes que merecen su propio saludo y la mayoría se asustaría ante tanta letra junta. Por eso, me contendré… Por eso y porque ya conocéis la genialidad sin par de Los Juegos del Hambre, aunque sea de oídas (◡‿◡.).

Con esta trilogía (cerrada dentro de unos meses: pa-cien-cia, sinsajos y tributos) Suzanne Collins ha dado la vuelta al mundo, exaltado pasiones, enfebrecido mentes y corazones, y creado escuela. Muchos la definen como una distopía: una utopía pero al revés, negativa, mala y perversa (con suerte, la RAE algún día admitirá el palabro), y yo estoy totalmente de acuerdo.
El universo que nos regala Collins con palabras tan directas, imágenes tan concisas y personajes tan apasionados y bien formados (sí, hasta la frialdad puede ser apasionada, y no en sentido romántico, se entiende) es brillante. Se sirve de varias bandas, todas igualmente importantes, complementarias y bien ajustadas: una trama rompedora (que no del todo original, pero ya sabemos que bajo el sol…), un control absoluto de los sentimientos, las percepciones y las reacciones de sus personajes, una narración siempre equilibrada que a través de una única voz permite conocer a muchas otras y generar una fuerte empatía (Rue, Rue y siempre Rue), un ritmo que cabalga primero suave y después frenético, y puntos de giro del todo inesperados jaleados con entusiasmo cada vez que se pasean por las páginas.

Los Juegos del Hambre es el comienzo. En llamas es el polvorín. Y Mockingjay (Sinsajo) será el desenlace. Nadie sospecha qué guarda Collins bajo su pluma, ni qué fragua su imaginario: tiempo al tiempo. Y calma. Y relecturas. Y calma de nuevo.
Bienvenid@s a la obra maestra de la señora Collins: bebed de ella, gritad cuando mueren los tributos, patrocinad a Katniss, sostened a Haymitch, amad a Gale, amad a Peeta, llorad por la niña por la que lloré yo y corred la voz: REVOLUCIÓN.