Clary Fray ha vivido quince años pensando que era una chica normal y corriente. Pero no. Clary es una cazadora de sombras, lo que significa que puede ver y hacer cosas que ni tú ni yo podemos (aunque mira que nos gustaría...). La noche en la que vea a su primer demonio su mundo se pondrá patas arriba... Menos mal que Simon, Jace, Isabelle, Luke y los demás estarán ahí para apoyarla.
Cazadores de sombras es una de esas historias que ha ido creciendo y creciendo, y haciéndose muy famosa (y eso que
la primera película todavía no se ha estrenado); ¿cómo no iba a apetecerme probarla?
Cassandra Clare ha configurado un universo de fantasía urbana amplio, rico, jugoso e interesante. En estos dos primeros libros emociona, mantiene en tensión, da sustos y saca sonrisas, y es que a pesar de que no tiene un estilo particularmente brillante, sabe hacer fluir las cosas y dar vida a personajes con personalidad propia que caen simpáticos. Además son un plus los besitos esparcidos sin tapujos por las páginas y el hecho de que los demonios tengan nombre de digimons.
Todo esto, tan bueno, consigue que las carencias de la saga pasen un poco (sólo un poco) desapercibidas, como las soluciones sacadas de la manga y las batallas suicidas repletas de agujeros en la trama poco lógicos que anticipan malos resultados.
Sin embargo, estas carencias no son nada al lado de las de la edición de Destino, que ha publicado estas dos novelas con una traducción floja que seguramente ensombrece el estilo de Cassandra; por no hablar del trabajo de corrección (¿lo ha habido?), que hace pupa. Suelo achacar las malas ediciones a la crisis, pero estos libros se publicaron ya hace mucho, así que mi teoría no tiene más remedio que irse al carajo.
Este verano
Ciudad de hueso llega a los cines, ¡yo no me la pierdo!