
Hoy me ha tocado publicar un artículo en el diario y he hablado de libreros. De libreros que miman los libros y de libreros que se repeinan las cejas mientras piensan qué aburrido es leer. Los primeros están hechos de papel y los segundos son de plasticucho. Los de papel son los buenos, los de la concepción romántica de la profesión, los que te saludan cuando entras a la librería y te echan una mano cuando se la pides; los de plasticucho son marionetas aburridas que te juzgan cuando te ven llegar al mostrador con un libro juvenil y otro romanticón.
Hurra por los libreros de papel, ¡HU-RRA!
Si queréis leer el artículo de arriba abajo sólo tenéis que hacer clic aquí. ¿Veis? Apoyáis la yema del dedo sobre estas palabras y ¡tachán! Ojalá tengáis cerca libreros de papel. Si los tenéis: achuchadlos, sonreídles, pedidles consejo y dadles las gracias. Contadles que no están solos.








